Agua
y mujeres
El agua es un recurso
vital para los seres humanos y para la naturaleza,
es indispensable para la vida y el mantenimiento
de los sistemas ecológicos en todo el planeta.
Sin embargo, desde hace varias décadas,
se ha constituido en un recurso muy ansiado por
las empresas multinacionales y por el sistema
neoliberal que pretende controlarlo e incorporarlo
en la lógica de la mercantilización
para obtener jugosas ganancias. Estas políticas
privatistas provocan conflictos sociales y vulneran
en su esencia los derechos humanos, los derechos
ambientales y la democracia.
En cuanto se refiere a la implicancia
del agua y la mujer, según varios estudios,
indígenas y mujeres en todo el mundo, y
en particular en los países del sur, son
quienes más sufren estas políticas
pues afectan los espacios de poder que tienen,
afectan su vida cotidiana y sus derechos humanos.
Las mujeres no sólo juegan
un papel fundamental en la gestión
cotidiana del agua, sino que son poseedoras
de una visión de cuidado
en relación al agua, precisamente por su
vinculación con el cuidado de la vida;
ellas son quienes realizan normalmente el trabajo
más pesado en la provisión y acceso
a este recurso.
Como parte de las labores domésticas
y de reproducción social, usualmente invisibilizadas
en el marco de sociedades neoliberales limitadas
a las cifras que proporcionan la circulación
de dinero, reproducen no solamente vida, afectos
y cuidado, sino también y en muchos contextos
una racionalidad en la gestión de los recursos
a que acceden que las vincula necesariamente a
la defensa del agua y el cuidado de la salud y
la vida.
En Bolivia las políticas
neoliberales han generando un sostenido proceso
de migración, lo cual ha feminizado el
campo y las tareas agrícolas, las mujeres
por tanto han tomado un papel cada vez más
importante en la gestión comunitaria del
agua, en la organización local para estas
tareas, e incluso en asumir roles de autoridades
locales relacionadas con la gestión comunitaria
del agua, de gran trascendencia en este país
andino por la importancia numérica y cultural
de las comunidades rurales.
Pero este conocimiento, estas
prácticas y visiones femeninas, indígenas
o locales que conllevan el “cuidado
del agua como un bien común” no son
siempre valoradas ni recuperadas en los planes
y políticas globales relacionados
con la gestión de los recursos hídricos
y los servicios de agua y sanitarios, y mucho
menos con el “desarrollo”.
La tendencia que imponen las empresas
y las entidades financieras internacionales como
el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional
o el BID, así como los acuerdos de la OMC
o los tratados de libre comercio que en la última
década acosan al continente, están
orientadas hacia un manejo bien distinto de los
recursos: la privatización y la mercantilización.
Lo hacen privilegiando
una estrategia económica y rentable por
encima de consideraciones sociales, culturales
y de sostenibilidad ambiental y reduciendo considerablemente
la participación ciudadana en la gestión
del agua y el medio ambiente mediante la privatización
de los servicios, tal como se vio en el caso de
Cochabamba.
Las mujeres siempre han defendido
el agua porque es esencial para la vida y no dudaron
en salir a las calles cuando este derecho fue
amenazado. En los ultimos años, con las
protestas en Cochabamba, Potosí, El Alto,
La Paz y otros lugares, las mujeres dijeron a
una sola voz que EL AGUA ES VIDA, NO MERCANCÍA.
Es más, no solo se detienen
en la protestas, sino que cuentan con propuestas
para preservar el agua.
- El agua debe ser reivindicada
nos solamente como un derecho humano
y por tanto un bien común, sino
también como un bien y un derechos
de la naturaleza.
- Los servicios de agua
deben estar fuera de los condicionamientos
de las multilaterales (BID, BM, FMI)
que los someten a su privatización para
renegociar la deuda de los países más
pobres.
- El agua debe estar fuera
de los acuerdos de libre comercio,
porque éstos están orientados
a la mercantilización del agua y a su
incorporación en la lógica del
mercado y a que las decisiones políticas
sobre la gestión social del agua quede
en manos de las corporaciones
- Las sociedades deben promover
el mantenimiento y mejoramiento de los sistemas
públicos de distribución del agua
con control social de las comunidades usuarias
y de la sociedad civil, y deberían incluir
la consideración del enfoque de género
reflejando las necesidades, las visiones y derechos
de las mujeres. Es muy importante defender el
agua como un derecho y responsabilidad
de todos y no dejar caer su administración
en manos de las corporaciones.
- Se debe visibilizar
y recuperar las visiones que las mujeres desarrollan
sobre el agua desde la perspectiva de sus roles
domésticos y del cuidado. Las perspectivas
femeninas desarrolladas por las mujeres indígenas
sobre el agua y el respeto y reciprocidad con
la naturaleza tienen un potencial de interpelación
a las visiones mercantilistas y de pensamiento
único que sustentan la globalización
financiera y que no han hecho sino depredar
la naturaleza en función del lucro. Las
mujeres indígenas nos enseñan
que el agua no es sólo de la especie
humana, sino de los seres vivientes del planeta
y el agua en sí es vida.
- Se debe fortalecer
y empoderar a las mujeres en los espacios de
gestión local y de decisión política;
su aporte, visiones y miradas sobre la resolución
de conflictos, sobre la gestión del agua
pueden aportar mucho en la construcción
de un mundo diferente. Esto permitirá
combatir la exclusión a la que son sometidas
las mujeres, no sólo por las corporaciones
sino también por la permanencia de los
sistemas de discriminación patriarcal.
- Se debe fortalecer
los movimientos locales, nacionales y mundiales
en defensa del agua y de los derechos humanos
al agua, así mismo se deben
fortalecer las alianzas entre los movimientos
del norte y del sur que brindan perspectivas
y estrategias diferentes y efectivas en la defensa
contra el ataque de las empresas a los derechos
del agua.
- Las comunidades, la sociedad
civil, las organizaciones mixtas y de mujeres
debemos encontrar las formas de defendernos
de las corporaciones y de las regulaciones que
a nivel global se construyen para defender
los intereses de unos pocos.
- Por ello deberíamos
procurar una Declaración Universal
de los derechos del Agua, que emane
de un proceso local y mundial y confluya en
un debate que recoja los avances de la humanidad
en los derechos humanos y derechos ambientales,
defendiéndola como un bien común
que no solamente pertenece a las sociedades
humanas sino también a la naturaleza
y los otros seres vivientes del mundo y por
lo tanto debe ser cuidada como un bien no comercial
indispensable para el mantenimiento de la vida.
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