H O M E

Trabajadoras del hogar

La lucha en Bolivia por los derechos de las trabajadoras del hogar y por una legislación que las proteja toca las fibras más íntimas de una sociedad patriarcal y colonial sobre la que se erigen jerarquías y discriminaciones profundas.

La Fundación Solón apoyó esta lucha como miembro del Comité Impulsor por una nueva Ley y también la campaña de la Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar (FENATRAHOB) para afirmar los derechos y mejorar las condiciones de vida de sus afiliadas.

En el proceso no sólo se visibilizaron los grandes vacíos que existen en la legislación laboral sobre las mujeres y al trabajo doméstico asalariado, sino también las grandes contradicciones que existen entre los discursos de democracia y modernidad que postula el Estado y la práctica cotidiana en las relaciones laborales, interclase, de género e interétnicas en la sociedad boliviana, así como los nudos que atraviesa el propio movimiento de mujeres en relación a esta problemática.

Roles asignados a las mujeres

Hablar sobre el trabajo doméstico nos lleva de manera directa a la reflexión en torno a los roles asignados a las mujeres y a su relación con el mundo privado y público, con las esferas productiva y reproductiva. Hablar de trabajo doméstico en las sociedades actuales no solamente equivale a hablar del “lugar natural” de la mujer, sino además del trabajo totalmente desvalorizado e invisibilizado.

En la sociedad boliviana y latinoamericana, y también en los países desarrollados, aunque en menor medida, el servicio doméstico asalariado constituye uno de los nudos más significativos de las relaciones sociales y laborales. A través de las interacciones que se producen en este ámbito se expresan y reproducen aquellos valores y actitudes que rigen ámbitos más globales y, por otro lado, reflejan la construcción de identidades individuales y colectivas en la sociedad en términos de género, clase y etnicidad. Y también son indicativos del tipo de relaciones que se construyen entre mujeres.

Tercera fuerza laboral feminina

Las trabajadoras del hogar en Bolivia constituyen uno de los sectores más numerosos de la Población Económicamente Activa (PEA) femenina. Según datos oficiales, en 1995 integraban el sector 113.227 trabajadoras/es. De este total 105.805 eran mujeres que cumplían múltiples funciones en el hogar: cocineras, lavanderas, niñeras, amas de llaves, damas de compañía y ayudantes de cocina y limpieza. 7.422 eran hombres que trabajan como mayordomos, camareros, porteros, mensajeros, ascensoristas y personal de limpieza.

Este sector laboral sufre de manera sistemática y permanente abusos y malas condiciones de trabajo, fundamentalmente por problemas de discriminación así como de acceso equitativo a los derechos laborales.

Explotación

Los principales problemas que vive el sector son:

- Falta de delimitación en su horario de trabajo. La mayoría trabaja 14 horas diarias como promedio. No existe como parte de la cultura patronal el respeto a sus descansos, a su tiempo libre ni a su privacidad

- Falta de valoración como personas y como trabajadoras

- Malas condiciones de vivienda y alimentación en los lugares de trabajo

- Dificultad de acceso a la educación

- Mayores riesgos como mujeres ante el acoso sexual por tratarse de trabajadoras “cama adentro”, con poca privacidad, bajos niveles de control y decisión sobre su vida privada.

- Discriminación racial y cultural en el lugar de trabajo: la mayoría de las trabajadoras del hogar son de origen aymara o quechua y desarrollan su trabajo en un contexto de fuerte discriminación sociocultural.

Movilización de las trabajadoras del hogar

Las movilizaciones de las trabajadoras del hogar lograron revertir esta situación y consiguieron articular una propuesta programática fundamental para las generaciones posteriores de trabajadoras domésticas asalariadas.

El mayor aporte de la Federación del sector fue, tanto en los contenidos de su acción como en su discurso, plantear un nudo que más adelante sería teorizado por la ciencia: las actividades que realizaban, tradicionalmente consideradas como “domésticas”, deberían ser reconocidas como TRABAJO.

El 8 de marzo de 1995, sesenta años después de que las Culinarias asalariadas de antaño lo plantearan por primera vez en el país, fue la propia organización sindical, la Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar (FENATRAHOB), la que elaboró y entregó un Proyecto de Ley a la Vicepresidencia de la República para que éste sea discutido y analizado por instancias estatales.

Entre sus aspectos más importantes, la Propuesta de Ley incorpora:

- Ratificación de su condición de trabajadoras dependientes y por lo tanto contempladas en la Ley General del Trabajo.

- Jornada de 8 horas para aquellas que trabajan “cama afuera” y 10 horas para aquellas que trabajan “cama adentro”. El tiempo que exceda a estas horas deberá ser considerado como “horas extras”.

- Gozar de beneficios sociales de acuerdo a disposiciones legales: feriados, seguro de salud, aguinaldo, vacaciones y seguridad social (jubilación).

- Derecho a la sindicalización.

- Salario mínimo de acuerdo al definido por el Gobierno (a la fecha sería de 500 Bs.).

- Preaviso de 15 días para dejar el trabajo o para ser retirada por la parte patronal.

- La trabajadora del hogar debe trabajar manejando cuidadosamente el menaje y utensilios que utiliza en su trabajo

- Cumplir con el trabajo establecido al tiempo de su contratación.

- Trato basado en el respeto y la consideración mutuas.

Oposición al cambio

Curiosamente, y en franca contradicción con los principios de la Constitución y de la democracia, los aspectos más observados y polémicos de la propuesta desde la perspectiva de los grupos empleadores y dominantes fueron la Jornada de trabajo, el Salario mínimo, la Protección de la maternidad, la Seguridad social, el Preaviso indemnización y desahucio (pago por despido injustificado) y el Derecho a la sindicalización. Se argumentaba que la vigencia de estos derechos originarían un caos social, desempleo y conflictos para los empleadores.

El debate generado alrededor de esta propuesta expresó de manera muy precisa el carácter de la sociedad boliviana, que probablemente puede ampliarse al conjunto de sociedades semi-coloniales y clasistas, que se apoyan en estructuras de dominación de género muy profundas.

Después de una larga campaña de incidencia y concienciación, las trabajadoras del hogar finalmente consiguieron una nueva ley reflejando sus demandas en 2003. Fue un paso importante e histórico en la lucha. Sin embargo, en 2006 FENATRAHOB dijo que eran pocos empleadores que cumplían ni con 50% de sus responsabilidades. La lucha para hacer cumplir la ley y cambiar actitudes racistas y patriarcales sigue en vigencia.

El tema, por supuesto, va más allá de una simple legislación laboral, y el mérito de las organizaciones sindicales de trabajadoras del hogar bolivianas es el haber desafiado a la sociedad y a las mujeres a buscar transformaciones más profundas desde lo cotidiano y desde los ámbitos más personales y privados, no por ello menos políticos.

Sus demandas apelan a una cultura democrática y de igualdad que en la práctica permita y posibilite el ejercicio igualitario de la ciudadanía, la vigencia de los derechos de género, el respeto de los derechos de las personas y de su dignidad, abriendo camino para una sociedad más justa y equitativa.

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