Acuerdo
de Asociación CAN-UE
A principios de 2007 la Comunidad
Andina de Naciones (CAN) y la Unión Europea
(UE) iniciarán negociaciones formales de
un Acuerdo de Asociación que incluya un
convenio comercial, un plan de diálogo
político y varios programas de cooperación
que podrían ser suscritos en 2008.
La CAN, fracturada por el Tratado
de Libre Comercio con Estados Unidos y en medio
de una crisis institucional, ha decidido “avanzar
en el fortalecimiento y consolidación”
de la integración para dotar al bloque
de cierta influencia en las conversaciones internacionales.
Los gobiernos de Bolivia, Colombia,
Ecuador y Perú comprenden que en el mundo
contemporáneo globalizado e interdependiente,
la integración subregional y la acción
externa conjunta es la mejor forma de defender
sus intereses en los mercados mundiales.
Lo que aún no está
claro para algunos miembros de la CAN es que antes
que liberalizar el comercio, el Acuerdo de Asociación
tendría que buscar la complementariedad
para solucionar conjuntamente problemas que van
mucho más allá del comercio, como
son la emigración, el narcotráfico,
la preservación del medio ambiente, la
pobreza y el desempleo estructurales, el debilitamiento
de los Estados nacionales y el descrédito
de la democracia liberal.
En ese marco, las prioridades
de un futuro Acuerdo de Asociación entre
la CAN y la UE deberían ser, entre otras,
el hombre y la naturaleza, no
las corporaciones privadas; la búsqueda
de una verdadera integración
democrática que reconozca el derecho de
los Estados de la CAN –principalmente de
las economías más pequeñas–
a proteger sus mercados internos, a dar incentivos
a sus productores y a dirimir las disputas con
inversionistas extranjeros en el marco de la jurisdicción
nacional y no en paneles de arbitraje internacional
antidemocráticos.
Por principio, el Acuerdo de Asociación
con la UE tendría que institucionalizar
reglas desiguales para economías
diametralmente distintas. No hay que
conformarse con mejoras en el Trato Especial y
Diferenciado establecido ya en las normas de la
OMC, sino exigir reglas que sean realmente más
favorables para la CAN. Un principio podría
ser el establecimiento del arancel cero para todos
los productos andinos y el afianzamiento de mercados
suprimiendo barreras no arancelarias y normas
técnicas y fitosanitarias restrictivas.
Si el objetivo es suscribir un
Acuerdo de Asociación equilibrado, la cooperación
europea debe ser incondicional, respetuosa
de las políticas soberanas de los Estados
americanos, y subordinada a las necesidades de
desarrollo de cada una de las naciones.
Rubricar un Acuerdo de Asociación
justo implica que Europa reconozca que los recursos
naturales y el medio ambiente no son bienes económicos
susceptibles de ser incorporados a la disciplina
del mercado para ser explotados de forma intensiva,
con una visión cortoplacista y vulnerando
todo principio de sustentabilidad.
El Acuerdo debe prohibir
el patentamiento de plantas, semillas, animales
y microorganismos y toda materia viva,
y sobre todo repensar las reglas de propiedad
intelectual y de patentes para evitar que la racionalidad
privatista de occidente termine reclamando la
propiedad del aire, agua y el conocimiento
El viejo mundo debe admitir también
que la agricultura no es una actividad económica
cualquiera porque de ella depende la vida de millones
de personas. El bien colectivo, la soberanía
y seguridad alimentarias de la población
deben prevalecer por sobre los intereses del agro
negocio.
La CAN y la UE tienen mucho
que aprender uno del otro. El debate que comienza
el próximo año podría ser
una oportunidad para que Europa comience a repensar
sus hábitos de consumo y aprenda de las
milenarias culturas de América que perfeccionaron
la habilidad de convivir en armonía con
la naturaleza.
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