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El Tratado de Libre Comercio (TLC) Andino

Más que un acuerdo comercial destinado a eliminar aranceles y facilitar el comercio, el Tratado de Libre Comercio (TLCs) propuesto por Estados Unidos a los Países Andinos constituye una herramienta política para afianzar la hegemonía norteamericana en la región frente a la competencia europea y asiática.

Estados Unidos inició las negociaciones del TLC Andino en Cartagena, Colombia, el 18 de mayo de 2004 con la esperanza de rubricarlo con Perú, Colombia, Ecuador y Bolivia hasta febrero de 2005, tras ocho rondas de conversaciones. Pero los plazos y las aspiraciones norteamericanas no se cumplieron.

Después de 14 rondas de negociación, Perú cerró con la potencia en diciembre de 2005 y Colombia el 27 de febrero de 2006, mientras que las negociaciones con Ecuador se suspendieron indefinidamente y ni siquiera comenzaron con Bolivia.

Luego del fracaso del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), Estados Unidos y sus transnacionales se han propuesto apoderarse de las empresas y los recursos naturales latinoamericanos con tratados bilaterales, aprovechando la debilidad de algunos gobiernos andinos.

La potencia emplea los TLCs para abrir nuevos mercados para sus empresarios con el fin de apuntalar su predominio en las esferas industrial, agrícola, financiera, tecnológica e ideológica, y a la vez elevar a rango constitucional las reglas del libre mercado. Antes los imperios conquistaban territorios desplegando sus ejércitos y ahora lo hacen a través del comercio.
Por ello son complementos naturales del TLCs el Plan Puebla Panamá y el Plan Colombia” que le permiten el control geopolítico y militar de puntos vitales del continente.

El TLC es un mini ALCA que incluye todos los contenidos del proyecto hemisférico en su versión original. La única diferencia es que el primero era entre 34 países de América y este nuevo mini ALCA es entre cuatro naciones.

El TLC Andino reglamenta 23 áreas que van más allá del intercambio de bienes industriales y agrícolas, textiles, servicios o telecomunicaciones. El acuerdo también exige modificaciones normativas en administración aduanera, reglas de origen, medidas sanitarias y fitosanitarias, compras del Estado, reglas de inversión, políticas de competencia, reglas de propiedad intelectual, servicios financieros, solución de controversias, y hasta en asuntos institucionales, ambientales y laborales.

El TLC incluye temas que la propia Organización Mundial del Comercio (OMC) no se anima a profundizar como son las compras gubernamentales, los derechos de propiedad intelectual y la liberalización de servicios, entre otros.

Por todo ello se afirma que el TLC es mucho más que un acuerdo de comercio al comprometer los derechos humanos, los recursos naturales, la democracia, la vida de los pueblos latinoamericanos, la soberanía y la capacidad de los Estados para promover el desarrollo.

Con el TLC:

- se profundizar la apertura de los mercados a los productos agrícolas subsidiados,
- se pone a competir a la raquítica industria con las poderosas empresas estadounidenses,
- se facilita la inversión externa con privilegios exorbitantes a las multinacionales y al capital financiero especulativo,
- se privatizan todos los servicios,
- se garantizan derechos de propiedad intelectual para las multinacionales,
- se mercantiliza y deteriora el medio ambiente,
- se priva a los Estados la posibilidad de orientar el desarrollo económico,
- se suprime la jurisdicción de los tribunales nacionales para definir sobre los principales asuntos económicos y
- se sujeta el manejo económico a una normatividad supranacional que obligará a los futuros gobiernos a continuar el modelo de desarrollo neoliberal.

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