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La
OMC
La Organización Mundial
de Comercio (OMC) es la institución multilateral
encargada de establecer las reglas del comercio
internacional desde 1995 en reemplazo del GATT
(siglas en inglés del Acuerdo General sobre
Aranceles de Aduanas y Comercio).
En la actualidad, la OMC
es junto al FMI y el Banco Mundial uno de los
principales organismos económicos internacionales
y un instrumento clave de la globalización
económica neoliberal. Es la única
institución internacional que realmente
puede imponer sanciones a los países miembros
por el incumplimiento de sus reglas.
La razón de ser
de la OMC es la búsqueda de la liberalización
irrestricta de los mercados, es decir
la libre circulación de productos agrícolas
e industriales, inversiones, servicios y garantías
para la propiedad intelectual.
Para la OMC el comercio internacional
tiene prioridad sobre todo y está por encima
de la democracia, la salud, la equidad, el acceso
a los servicios básicos, el medio ambiente,
la seguridad alimentaria y otros derechos humanos.
Simplificando las cosas, los objetivos
de la OMC son:
1. Liberalización del movimiento de bienes,
servicios y capitales; y
2. Protección de las inversiones y de la
propiedad intelectual.
La liberalización
del comercio impulsada por la OMC es un objetivo
en sí mismo, aunque la evidencia
demuestre que esta política ha dañado
más que beneficiado. La Iglesia Católica
considera que el comercio no es un fin en sí
mismo sino que debe ser un instrumento para la
promoción del bienestar humano; hay exigencias
humanas que escapan a la lógica del mercado,
bienes que por su naturaleza no pueden venderse
o comprarse. (Encíclica Centesimus Annus
de Juan Pablo II).
La OMC establece una relación
directa entre la apertura comercial y el desarrollo
de las naciones, aunque numerosos estudios, incluidos
algunos de la Conferencia de las Naciones Unidas
para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD), han
probado lo contrario. La ola de liberalización
de los años ‘90 terminó con
las pocas oportunidades de desarrollo de los países
del hemisferio Sur. Por tanto, hay que
precisar que el concepto de “libre comercio”
es ideológico.
Desde su creación, el poder
de la OMC para imponer reglas comerciales y definir
políticas de salud, educación, medio
ambiente y alimentación ha crecido a un
ritmo sin precedentes. Actualmente la OMC está
integrada por 148 naciones, incluyendo a Bolivia,
y casi neutraliza la autoridad y las actividades
de varias agencias de las Naciones Unidas como
la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio
y Desarrollo (UNCTAD), la Organización
Internacional del Trabajo (OIT) o la Organización
Mundial de la Salud (OMS).
El alcance de los acuerdos
de la OMC va mucho más allá de los
temas relacionados al comercio internacional.
Por ejemplo, forman parte de la OMC el Acuerdo
General sobre Comercio de Servicios (AGCS, en
inglés GATS), el Acuerdo sobre Aspectos
de los Derechos de la Propiedad Intelectual relacionados
con el Comercio (ADPIC, en inglés TRIPs),
el Acuerdo de acceso al mercado de bienes no Agrícolas
(NAMA por sus siglas en inglés), y el Acuerdo
General de Agricultura (AGA).
Estos acuerdos de la OMC impactan
directamente en la vida diaria de la gente porque
promueven la privatización de la educación
y la transferencia del control de la alimentación
y de la salud a las empresas transnacionales,
además de imponer una legislación
internacional que se sobrepone a las Constituciones
políticas y que anula las competencias
básicas del Estado.
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