Potosí:
una lucha silenciosa frenó la exportación
de aguas
La silenciosa lucha de los comunarios
del sudoeste potosino contra la exportación
del agua del Silala a Chile y por la defensa de
las aguas subterráneas ha recibido poca
atención de la prensa a pesar de sus logros.
En 2001 el gobierno aprobó
el decreto supremo 2267 que autorizaba la venta
del agua subterránea del Sudoeste potosino.
El empresario de origen norteamericano Peter McFarren
intentó exportar aguas del Silala a Chile
a razón de 200 litros por segundo, para
luego aumentar los envíos hasta 2.000 o
3.000 litros por segundo perforando pozos en una
zona con severo déficit de lluvias. El
plan era subir hasta 20 mil litros en 20 años.
Amenazadas las fuentes de agua
de los agricultores y las famosas lagunas que
atraen a miles de turistas cada año, los
más afectados de las provincias Sur y Nor
Lípez enfrentaron al poderoso empresario
y a la gente comprada por él, no con bloqueos
sino con “pensamiento y propuestas”.
La Federación de Campesinos
y las comunidades de cinco provincias de este
jirón patrio lograron la victoria en tres
años de lucha, desde 2001. Con una huelga
de hambre en pleno Congreso, arrancaron al gobierno
un Plan de desarrollo integral del Sudoeste Potosino
expresado en la Ley 2704 emitida el 21 de mayo
de 2004 en Uyuni. Uno de sus artículos
prohíbe expresamente la exportación
de aguas subterráneas o cualquier otro
recurso hídrico.
Los gobernantes anteriores querían
privatizar las aguas y –como todos los recursos
naturales– entregarlas a las transnacionales.
No sólo el agua del Silala estaba en su
mira sino también las aguas subterráneas.
Si se vendía esa agua, con el tiempo nos
la zona se hubiese convertido en un desierto,
y la producción de quinua, camélidos
y turismo habría sido gravemente afectada.
Si bien la gente de esta zona
ha ganado una batalla importantísima en
la guerra permanente contra la privatización
el agua, todavía no canta victoria. Ahora
enfrenta otro gran conflicto con la Minera San
Cristóbal, un millonario proyecto para
explotar zinc y plata con una inversión
superior a los 700 millones de dólares.
La población está
consternada por las consecuencias ambientales
de este proyecto minero que se instalará
muy cerca del Salar de Uyuni. Se calcula que la
empresa consumirá hasta 40 mil metros cúbicos
de agua en sus actividades cotidianas. Los empresarios
de San Cristóbal no quieren utilizar las
aguas de un río que corren a razón
de 200 litros por segundo porque son un tanto
saladas sino que han decidido operar con el agua
dulce subterránea.
Las organizaciones campesinas
de Potosí anuncian que la lucha por preservar
estos recursos es de vida o muerte. Para ellos,
vender esta agua es como vender su vida misma.
|