Aguas
del Tunari: Guerra del Agua en Cochabamba
La mundialmente conocida lucha
por el agua en Cochabamba comenzó a mediados
de los años 90 del siglo pasado, cuando
las autoridades regionales aceleraron la perforación
de pozos de hasta 500 metros de profundidad en
la localidad de El Paso para proveer de agua a
la ciudad. Los agricultores del valle bajo se
organizaron en la primera asociación de
regantes, que luego se convirtió en la
Federación de Regantes de Cochabamba, para
defender sus fuentes de agua subterránea
en riesgo de agotamiento.
A fines de la década de
los 90, los regantes comprendieron el peligro
de entregar sus fuentes de agua a empresarios
privados, como proponían Gonzalo Sánchez
de Lozada y Hugo Banzer Suárez con los
proyectos Misicuni y Corani destinados a resolver
el déficit crónico de agua en la
urbe. Los agricultores socializaron sus preocupaciones
en el departamento y comenzaron a aglutinar activistas
para defender sus recursos naturales de la privatización.
En las primeras movilizaciones
les echaban con orín desde los balcones
de la ciudad de Cochabamba. “Vagos, campesinos,
sucios”, les gritaban, pero no los intimidaron.
Buscaron aliados y organizaron la primera reunión
conjunta a nivel departamental con maestros, fabriles,
mineros y los jóvenes de la Universidad.
En la Federación de Regantes conformaron
la Coordinadora de Defensa del Agua y de la Vida,
casi al mismo tiempo que salía la ley de
privatización del agua firmada por Manfred
Reyes Villa y el gobierno central, una norma que
concesionama Semapa a Aguas del Tunari.
El entonces diputado Evo Morales
fue el encargado de obtener la ley privatista
en el Parlamento para que los movimientos sociales
de Cochabamba la analicen palabra por palabra
y confirmen el asalto: para obtener un litro había
que pagar a Aguas del Tunari, dueña absoluta
de las fuentes. La ley levantó polvareda
y los afectados se organizaron en tres escenarios:
un bloque social, otro para el análisis
de la ley y un tercer grupo encargado de hacer
las propuestas.
Marcharon por primera vez contra
las transnacionales del agua en Cochabamba en
diciembre de 1999 y el 5 de enero de 2000 la Coordinadora
convocó a la primera movilización
departamental. Se dio plazo al gobierno para que
escuche y atienda las demandas populares hasta
febrero de 2000, pero las autoridades no respondieron.
La Coordinadora del Agua, a la
cabeza de Oscar Olivera, organizó una toma
simbólica de Cochabamba. El plan consistía
en que la gente del centro y casco viejo de la
ciudad esperen en la plaza central con pañuelos
blancos a los miles de ciudadanos que llegarían
desde las provincias con bandas de música.
El gobierno advirtió que
nadie entraría a la Plaza. No le creyeron
y se organizaron marchas desde el valle bajo y
central, desde la Avenida Blanco Galindo y la
Muyurina. Pero los gasificaron, los balearon y
ahí empezó el enfrentamiento. La
gente vio la represión por los medios de
comunicación y se enojó mucho.
A fines de la primera semana de
febrero el gobierno solicitó una reunión
a los líderes del movimiento, que ya contaba
con un equipo técnico sólido conformado
por René Orellana, Pablo Solón,
María Ester Udaeta y Juan Carlos Alurralde,
entre otros.
El gobierno pidió 45 días
para modificar la ley de concesión a Aguas
del Tunari, pero los campesinos declararon el
bloqueo departamental de caminos. “No vamos
a meter alimentos a Cochabamba si es que los ciudadanos
no se levantan”, amenazaron los campesinos.
Cortaron el agua de la laguna de Escalerani, la
principal fuente de abastecimiento, y se acabaron
los alimentos para la venta.
El 11 de abril salieron a las
calles mujeres, ancianos, caballeros, todos los
citadinos, e hicieron un paro general. Ni siquiera
las personas podían pasar por los bloqueos.
Fueron ocho días de lucha, desde el 11
hasta 17 de abril. Los bloqueos proliferaron en
las provincias de Cochabamba durante la Guerra
del Agua. Todo ese mes no hubo tranquilidad. La
policía buscaban a los dirigentes hasta
en sus viviendas y el gobierno tuvo que declarar
estado de sitio.
Finalmente, la enorme presión
social obligó al gobierno de Hugo Banzer
a rescindir el contrato con Aguas del Tunari y
a devolver la administración del servicio
de agua potable y alcantarillado a la empresa
municipal Semapa.
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