MI
AMIGO PEPE.
Todo ha cambiado,
Pepe: el cielo, el árbol y la calle;
mi taller no es el mismo desde que supe hoy que
te has marchado.
"Cuídate hermano", me dijiste
ayer nomás, sin prisa, al despedirnos.
Igual te dije yo, que todavía escucho tu
voz ahogarse en el polvo de la tarde.
Parte de mi se fue contigo.
Ya no es lo mismo
el sol, mis cuadros, mis libros y la noche.
El silencio... tu silencio me dice que estas cerca
y que estoy detrás de ti,
como en el mural que me vieras pintar: "El
retrato de un pueblo"
Walter Solón
Romero
14/Junio/1997
DESDE EL HOSPITAL.
Pepe, el olvido
no es viento que se diluye en la bruma del recuerdo.
Por eso, desde este lecho de hospital, recorremos
juntos el resultado de la vida en este segundo
milenio que ha sido tan triste como el grano que
nunca germina.
¡Qué
paradojas tiene la vida! Tu ya sabes que la verdad
es otra, porque has hablado con las estrellas
.
Pepito, que la vida no nos abrume. "La obligación
de vivir" nos hace testigos mudos ante quienes
nos dieron su palabra.
Con quién
habré de comentar algo, si sólo
el silencio es repuesta,...
sin embargo, lo hago pensando en que en la distancia
está el silencio, y pese a la fiebre, están
tus palabras.
Walter Solón
Romero
14/Junio/1999
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