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Más de mil policías resguardan el perímetro del lujoso hotel Hilton en Guayaquil, la sede de la X Ronda de Negociaciones del TLC Andino. Ninguna persona sin credencial puede acercase a la zona. Al Foro de los Pueblos Frente al TLC, una reunión paralela de la sociedad civil que se celebra en el auditorio de la Universidad de Guayaquil, puede entrar cualquiera. En el Hilton, centenares de burócratas de cuatro países debaten hasta 10 horas diarias buscando autoconvencerse de los beneficios del libre comercio extremo; en la sede universitaria decenas de activistas y dirigentes sindicales cuentan sus vivencias intentando demostrar que la competencia “libre” entre gigantes y enanos no necesariamente ayuda a la gente.
Se supone que los delegados gubernamentales de Ecuador, Colombia, Perú y Estados Unidos tendrían que escuchar las observaciones de la sociedad civil, pues están en juego reglas que normarán casi todos los aspectos de la vida diaria de las personas, pero negocian a puertas cerradas y a kilómetros de distancia del encuentro social paralelo. Eduardo Delgado, ex padre salesiano y dirigente de la organización Ecuador Decide, destaca que mientras los negociadores discuten detrás de barreras y extremas medidas de seguridad, ellos lo hacen con las puertas abiertas.
“Pequeños grupos empresariales, los mismos que prometieron que la dolarización iba a solucionar la crisis en Ecuador, ahora venden la ilusión del TLC. Son empresarios miopes con mezquinos intereses, y políticos insolentes recaderos de la oligarquía”, reclama Delgado con firmeza.
Es cierto que los productores ecuatorianos perderían alrededor de 35 millones de dólares si es que les obligan a pagar aranceles en caso de no firmarse el TLC, pero ese monto no significa nada frente al millón de empleos que el país perdería (280 mil productores de arroz y 500 mil productores de maíz) si se acepta el libre comercio indiscriminado con la primera potencia del mundo; eso sin contar los dos mil millones de dólares de daños que ocasionarían las normas de propiedad intelectual diseñadas para proteger las ganancias de las farmacéuticas.
Ecuador exporta alrededor de 3.000 millones de dólares a Estados Unidos anualmente y más del 50% es petróleo y plátano, productos que no precisan de preferencias arancelarias. En ese entendido, no parece conveniente arriesgar toda la producción agrícola sólo por favorecer las exportaciones de camarón, atún, textiles o flores, por ejemplo. “El sentido común muestra quién ganará en la competencia entre un enano y un gigante”, explica el ex sacerdote.
El dirigente social del movimiento Recalca de Colombia, Enrique Daza, ve en el TLC una novísima forma de colonización de la región y de ninguna manera una herramienta para contrarrestar la crisis. Al contrario, el Estado colombiano dejaría de percibir al menos 500 millones de dólares por la reducción de aranceles. Además, en 10 años de vigencia de la Ley de Preferencias Arancelarias para la región andina, la estructura productiva colombiana poco ha cambiado. El 47% de las exportaciones de este país se destina al mercado norteamericano, pero la mayor parte es petróleo, que se vende con o sin preferencias, es decir con o sin TLC.
La lucha coordinada contra el TLC en Ecuador articula a más de 200 organizaciones de la sociedad civil que no siempre reciben atención de los medios, la mayoría de ellos forzada a hablar bien del acuerdo por sus estrechas relaciones con los grupos de poder. En Ecuavisa, Teleamazonas, Telesistema, Telecentro Canal 10 y otras estaciones de televisión son comunes, más que la información, los misiles propagandísticos a favor del libre comercio.
A pesar del cerco mediático, el movimiento Ecuador Decide recolectó algo más de 200 mil firmas, pero necesita al menos 650 mil, el 8% de padrón electoral, para que el Tribunal Supremo Electoral considere la posibilidad de llamar a una Consulta. En el referéndum se plantearían entre seis y siete preguntas referidas a dos grandes temas de debate, la política económica y las reformas políticas. La idea es preguntar a la gente si está acuerdo con el TLC y si apoya la militarización del Plan Colombia o la privatización de las empresas públicas. Además, se consultaría a la gente si está de acuerdo con vetar a los partidos neoliberales en una futura Asamblea Constituyente y Soberana (como el Partido Social Cristiano e Izquierda Democrática, por ejemplo) y si hay que cesar en sus funciones los miembros del Poder Legislativo actual.
El presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), Luis Macas, señala que su organización está en pie de lucha hasta que el gobierno acepte realizar la consulta popular antes de ratificar el acuerdo.
Optimismo
En las reuniones de los activistas anti TLC se percibe un optimismo moderado, pues en las señales recibidas en los últimos meses indican que la ola neoliberal está en caída. Estados Unidos, el adalid del libre comercio, no ha podido soportar ni cuatro meses la pelea comercial con China y se ha visto obligado a retornar al sistema de cuotas proteccionistas para frenar la avalancha de textiles. En Europa, Holanda y Francia le han dicho no a la Constitución neoliberal.
Otra señal llamativa es que el Presidente de Ecuador Alfredo Palacio no asistió a la inauguración oficial de la X ronda del TLC en Guayaquil, pese a que su participación fue confirmada. Observadores independientes comentan que con esa actitud el jefe de Estado demuestra cuánto realmente le importa la firma del acuerdo. Luego del derrocamiento de Lucio Gutiérrez, Palacio declaró que no negociaría un TLC que ponga en riesgo la salud pública y hoy parece ratificar esa posición.
La actitud de Palacio demuestra dos cosas, que el Presidente quiere distanciarse del proceso presionado por los movimientos sociales, o intenta delegar el bulto al ministro de Comercio Exterior Oswaldo Molestina. En todo caso, Delgado asegura que Palacio se cae igual que Gutiérrez si se anima a firmar el TLC, pues a los presidentes que no escuchen a su pueblo les pasará lo mismo que a Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Gutiérrez, todos derrocados por movimientos populares.
Poniendo como ejemplo la permanente crisis política en Bolivia, el ex sacerdote se anima a asegurar que ningún pueblo es gobernable aplicando el neoliberalismo y menos imponiendo un TLC, porque el TLC coloca a los estados pobres en una situación bastante incómoda: les obliga a importar el plato fuerte y a exportar el postre. |