|
De un total de 435 miembros del Congreso de Estados Unidos, entre 260 y 270 demócratas y republicanos se oponen al tratado de libre comercio con los países de Centroamérica y República Dominicana (CAFTA, por sus siglas en inglés), estima Jeff Vogt , analista de la organización Wola . El acuerdo ha generado un fuerte rechazo entre los productores y procesadores de caña de azúcar y remolacha, uno de los sectores más protegidos de ese país.
El CAFTA prevé un pequeño incremento en las importaciones de azúcar centroamericana, pero aún así la industria estadounidense se ha puesto en pie de guerra y ha logrado influir en amplios sectores del Congreso. Según la Alianza del Azúcar de Estados Unidos, el Congreso y la Casa Blanca han recibido más de 60 mil cartas que critican el TLC. Es muy simple: cuando se importa azúcar extranjero subsidiado, se exportan empleos estadounidenses, dijo el director de análisis económico de ese grupo, Jack Roney .
El sistema de cuotas que se aplica actualmente limita las importaciones y hace que el azúcar en un supermercado estadounidense cueste más del doble que en el resto del mundo. Además, el azúcar centroamericano y dominicano es más barato porque los cultivos son más productivos.
Se prevé que el aumento de las importaciones el primer año que entre en vigor el TLC sólo será de un 1,1% del consumo de azúcar de Estados Unidos y nunca llegará, ni de cerca, a las 500 mil toneladas que América Central enviaba hace diez años a este país. Además, el gobierno ha prometido bloquear las compras de azúcar si el precio cae en el mercado interno y pagar compensaciones a Guatemala, Honduras, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y República Dominicana, según permite el TLC. La industria azucarera es el único sector estadounidense que rechaza en bloque el acuerdo, puesto que la otra fuente de oposición, la textil, está dividida.
“La aprobación del CAFTA no es sólo esencial para el ALCA, sino también para todos los demás TLCs en el futuro", afirma John Murphy , vicepresidente para asuntos del Hemisferio Occidental de la Cámara de Comercio de Estados Unidos. Si el CAFTA no es aprobado por el Congreso estadounidense, "los gobiernos extranjeros estarán menos dispuestos a poner sobre la mesa sus propios temas sensibles", añade el funcionario. |