CAMBIO CLIMÁTICO, GLACIARES Y DESAFÍOS GLOBALES PDF Correo electrónico
Elizabeth Peredo Beltrán. Fundación Solón, Bolivia

1. Antecedentes generales

El cambio climático es una de las expresiones que más dramática y evidentemente refleja la crisis de la civilización moderna y del capitalismo. Es la crisis de un sistema que ha mercantilizado la vida, basando su desarrollo en la sobreexplotación de la naturaleza y en relaciones profundamente inequitativas entre los países ricos y poderosos con las naciones del sur.

El calentamiento global, por tanto, no es una crisis ambiental, sino un reflejo de la crisis sistémica que generan las tensiones entre mercantilización y bienes comunes, entre solidaridad y competencia, entre equilibrio versus sobreexplotación de la naturaleza. Es, por tanto, expresión de la crisis civilizatoria a nivel global, que concibe el desarrollo como crecimiento infinito, basado en la dependencia de los combustibles fósiles para una gran parte de la actividad humana y traducida en una enorme vulnerabilidad económica, social y ambiental, que afecta especialmente a las comunidades más pobres del planeta.

La evidencia que ahora proporciona el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) y otros colectivos científicos, confirma de manera contundente la influencia antropogénica en los desequilibrios ambientales provocados por la emisión de gases de efecto invernadero (GEIs). Esta evidente correlación, sin embargo, no siempre ha sido aceptada como un hecho, enfrenando obstáculos por parte de intereses corporativos que intentaron e intentan desvirtuar y ocultar esta realidad.

1.1 La ciencia, los intereses económicos y el cambio climático

Aunque el proceso de cambio climático, sus causas y expresiones están presentes en la discusión pública desde hace más de dos décadas, sus pruebas han salido difundidas más recientemente. En el año 2004, la comunidad científica alertó con varios datos alarmantes sobre este proceso y en 2006 se difundió la relación entre las actividades humanas y este fenómeno, por medio del Informe Stern -enfocado en los impactos del cambio climático en la economía- y Al Gore, negociador y ex candidato presidencial de Estados Unidos, quien también escribió un libro alertando sobre los impactos del cambio climático y su relación con el consumo de combustibles fósiles, responsables del incremento de las emisiones de GEIs. Paradójicamente, EEUU no firmó el Protocolo de Kyoto ni aceptó comprometerse a reducciones sustantivas para contener o revertir este fenómeno.

La urgencia de las alertas e informes de la comunidad científica no evitaron que intereses corporativos impidieran la amplia difusión de esta información y la asignación del peso correspondiente en la toma de decisiones de los gobiernos. Aún hay sectores y actores políticos y económicos que pretenden negar los hechos, desvirtuar e incluso criminalizar a los científicos y actores políticos que informan sobre las causas y los avances del cambio climático. Sin embargo, en el transcurso de los años recientes es cada vez más difícil negar la evidencia de los fenómenos climáticos y desconocer su relación con las curvas de las concentraciones de gases de efecto invernadero.

1.2 Evidencia reciente

En su informe de 2007, el IPCC afirma que el CO2 (dióxido de carbono) en la atmósfera está en el nivel más alto y jamás alcanzando de los últimos 650 años, alcanzando 380 ppm. (partes por millón), un 30% más que en 1800, cuando las concentraciones llegaban a 280 ppm. Entre 1906 y 2010, la temperatura global del planeta se ha incrementado entre 0,6 y 0,9 grados. Considerando estos antecedentes, el IPCC afirma que la situación es delicada y que “estamos entrando en un territorio desconocido, donde las previsiones son cada vez más insuficientes”. Esto tiene un impacto muy fuerte sobre los patrones del clima, generando sequías, inundaciones, impactos en la salud, en la seguridad alimentaría, en el acceso al agua, en el derecho a la habitabilidad, en la vida misma.

Las implicancias de estos distintos niveles para las temperaturas globales sin diversas, desde menos dañinas a más peligrosas. Una proyección del Instituto de Meteorología del Reino Unido alerta sobre las implicancias que tendría la elevación de la temperatura promedio a 4 ºC, escenario que si bien es teórico, parece cada vez más cercano (1). Este escenario advierte sobre la inminente desaparición de los glaciares del mundo y el derretimiento de la Antártica, con la consecuente elevación de los niveles del mar y desertización de amplias regiones.

Las negociaciones del clima abordan el tema a partir de las posibilidades de estabilización de las concentraciones de GEIs. Bolivia ha planteado un acuerdo que estabilice las concentraciones en 300 ppm, límite que la ciencia respalda como más seguro, respecto de escenarios que excedan las 450ppm- sugerido por el Acuerdo de Copenhague- o 550 ppm. -que supone el Banco Mundial en su estrategia de energía a partir del 2011. El problema de fondo es que mientras exista la aspiración a un crecimiento económico infinito, seguirá saturándose la atmósfera con emisiones contaminantes.

Las consecuencias de este fenómeno sobre el agua son innegables. En 2008, el IPCC dio a conocer un informe donde se reconoce que la vinculación del agua con el cambio climático es crítica; y que será uno de los mayores problemas a nivel mundial, por los siguientes fenómenos asociados:

· Derretimiento de glaciares.

· Desertización

· Agotamiento de cuencas y fuentes de agua

· Contaminación por sequías e inundaciones

· Deterioro de redes de agua

· Presión de la agricultura a gran escala

La elevación de las temperaturas afecta el ciclo hidrológico y muy especialmente, los reservorios de agua dulce del planeta, que ya son escasos. Sólo el 2% del agua en el planeta es dulce; y cerca del 75% de esta agua se encuentra almacenada en la criosfera (agua en estado de hielo o nieve). El derretimiento de los glaciares de todo el mundo, colapsará la provisión de agua de los sistemas ecológicos que de ellos dependen. Adicionalmente, como consecuencia de esta desglaciación, cabe esperar la elevación del nivel del mar, que afectará irreversiblemente a los territorios insulares. En ambos casos, los impactos sobre las poblaciones humanas, la provisión de agua y los equilibrios de los sistemas ecológicos, son catastróficos.

2. Impactos de la crisis climática sobre los glaciares, las comunidades y el agua

2.1 Situación de los glaciares en Bolivia

Tanto en las consideraciones del IPCC como en otras fuentes, la región andina se reconoce como una de las regiones más vulnerables a los impactos del cambio climático. Aquí, la desglaciación afectará a 70 millones de personas. También es el caso de la cadena de los Himalayas, donde al menos 1.500 millones de personas resultarán afectadas.

En el altiplano boliviano, los glaciares tropicales andinos como el Illimani, el Mururata, el Huayna Potosí, el Tuni-Condoriri y tantos otros, están desapareciendo. Su paulatino deterioro puede entenderse como una metáfora del poco tiempo que disponemos para cambiar el curso de los acontecimientos signados por la civilización occidental capitalista, basada en el crecimiento desmedido, la competencia, la codicia y la acumulación irracional e irresponsable.

La PazA la fecha, Bolivia ya ha perdido un glaciar más pequeño: el Chacaltaya, base del Club Andino Boliviano, donde se encontraba el único “lift” para esquí (2) en todo el país, a más de 4.000 metros de altura sobre el nivel del mar.

En todo este proceso, podemos advertir la gravedad de la injusticia climática que afecta a esta región y su pueblo. Bolivia es apenas responsable del cambio climático, ya que emite poco más del 0,10% de las emisiones de GEIs globales, pero sufre sus consecuencias en condiciones de gran vulnerabilidad.

Los glaciares son víctimas silenciosas de un sistema depredador, no sólo por la elevación de gases de efecto invernadero, sino también por las actividades extractivistas de la minería en toda la región andina. Los megaproyectos mineros amenazan la integridad de los glaciares, los equilibrios ecológicos y el patrimonio de toda la humanidad, por su significado para la vida y la memoria colectiva.

2.2 Impactos sobre los derechos de las comunidades y los pueblos

La desglaciación afecta a millones de personas e innumerables ecosistemas, que dependen de los ciclos de acumulación, reserva y dotación de agua y humedad. Con la desaparición de los glaciares, las comunidades pierden sus posibilidades de acceso a un clima adecuado para la habitabilidad y para el desarrollo de sus actividades económicas, como la agricultura y la ganadería. Pero también pierden las posibilidades de ejercer sus derechos culturales y políticos, ya que los glaciares no sólo son fundamentales para la vida y el equilibrio ecológico: también sostienen su espiritualidad, la esencia de su identidad y del tejido social de los pueblos; su historia, memoria y subjetividad.

Según la UNESCO, la identidad cultural es un derecho inalienable. En la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural (02/11/2001), la UNESCO reconoce que la cultura es “un conjunto de rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y la letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”.

La Paz1En el caso particular de los glaciares, su significado cultural es vasto. Dota a los pueblos andinos de una identidad y de formas de entender el mundo. Al igual que los árboles, los anillos de los glaciares son una fuente de memoria colectiva invaluable: proporcionan información sobre la historia del clima en el planeta, los diferentes períodos históricos e incluso, sobre las condiciones de habitabilidad. La ciencia confirma lo que las ancestrales culturas andinas nos dicen: los nevados son nuestra memoria y por tanto, nuestra protección.

En estas culturas, la montaña es un APU, que en el idioma quechua significa “señor, espíritu tutelar de la montaña y espíritu protector de una región, habitada por seres humanos o no”. Estos espíritus protectores moran en las cúspides con los ancestros; por ello, muchas veces un cerro es una divinidad. En el glosario andino AYLLU APU es “el espíritu tutelar de una montaña, que protege una pequeña aldea o comunidad”. Así, se entiende que “Los cerros respiran el agua del cielo y la exhalan a la tierra”, resaltando su vinculación con el ciclo del agua. La capital de Bolivia, La Paz, tiene al centro de su escudo departamental la imagen imponente del Glaciar Illimani.

 

Cuadro 3: Los glaciares como fuente de inspiración cultural

Para poetas, artistas y pintores, la belleza de los glaciares constituye una fuente de identidad y de sentido en sus vidas. Cientos de grupos culturales de bailarines, musicales e intelectuales toman su nombre para identificarse. El pintor y muralista boliviano, Walter Solón Romero, pintó un Illimani cuando las ventanas de su taller, ubicado en el barrio de Sopocachi, fueron cubiertas por un moderno edificio, de los muchos que hace años proliferan levantando sombras en el barrio. Inconforme al no poder contemplarlo, su Illimani pintado en papel sobre la ventana tapada acompañó al artista en su taller durante varios años

A modo de ejemplo del impacto del cambio climático sobre la relación de los pueblos con sus cerros tutelares, destaca el caso de la comunidad indígena Khapi, ubicada a los pies del Glaciar Illimani, presentado en el Tribunal Internacional de Justicia Climática de Cochabamba (3), donde quedó demostrado que “el cambio climático está violando su derecho al territorio, a la vida, a la cultura, a la salud y la autodeterminación así como que se ha constituido en un factor determinante en la inminencia de su desplazamiento y abandono de su territorio en las próximas décadas”.

2.3 Agentes responsables de los impactos sobre los glaciares

El proceso de cambio climático en curso tiene sus causas, como se ha esbozado previamente, en el modelo de producción y consumo capitalista, que transforma las bases culturales de la vida en el planeta. Diversos reportes científicos evidencian que el grado de consumo de los recursos del planeta está poniendo en riesgo su sostenibilidad. La cada vez más generalizada aspiración a un alto estándar de consumo(4)  como sinónimo de riqueza y bienestar, es responsable de la actualmente insostenible huella ecológica humana en el planeta.

Incluso en los casos de países como Suiza o Alemania -que poseen un alto índice de desarrollo humano (IDH) y que, comparados con Estados Unidos, parecen optar por un modelo de desarrollo más mesurado-, cuando se analiza el estándar de bienestar junto a la huella ecológica promedio de sus ciudadanos/as, vemos que sería necesario contar con 3 o 4 planetas más para que todos los habitantes del mundo puedan vivir como estas personas.

El modelo en el que vivimos concibe que todo se mercantiliza, incluso el aire; que todo se repara con la ciencia, el dinero y la tecnología; que el ser humano es el centro del planeta y de todo lo creado; que desarrollo es sinónimo de crecimiento y predación. En esta perspectiva, el progreso es un proceso lineal, fragmentario y acumulativo; y sus formas de medición se basan en la capacidad de consumo, en desmedro de la diversidad biológica, cultural y social. Así, la exclusión de los pueblos y la negación de su diversidad parecen más una condición que una consecuencia, de este modelo civilizatorio.

Dicho modelo está promovido por la institucionalidad vigente y por una gobernabilidad que excluye las voces de los pueblos. Las decisiones del Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio y el G -20 tienen mayor peso vinculante que la voz de los pueblos del mundo. En este escenario, la alternativa del desarrollo sostenible, concebido como un proceso de generalización del bienestar que promueva y resguarde los derechos de las personas y de los pueblos, sin exceder la carga en los ecosistemas, no ha sido suficiente para detener o transformar el modelo depredador dominante.

Lo que está en juego con el proceso de desglaciación y cambio climático, nos remite a las relaciones históricas entre la metrópoli y las colonias, que prevalecen pese al paso del tiempo y la transformación de los sistemas de organización social, dejando en evidencia la enorme deuda ecológica y de desarrollo que sostienen las regiones del norte para con el sur. Las emisiones acumuladas no son neutrales: tienen una historia, sostenida en décadas e incluso siglos de desigualdad y explotación. De hecho, el 80% de las emisiones globales provienen de los países industrializados, que concentran el 20% de la población mundial.

Es por esto que las soluciones ofrecidas por quienes son responsables del problema (aumento de los mecanismos de mercado y mínimos compromisos de reducción de emisiones), están permeadas por la misma tendencia. Mientras, los impactos del cambio climático siguen afectando a quienes no lo han producido, dejando en evidencia la persistente injusticia socioambiental global.

Es urgente, por tanto, la necesidad de construir y difundir un modelo civilizatorio donde las personas y las comunidades coexistan con los ecosistemas en condiciones de respeto, libres de exclusión y marginalidad. Un modelo donde la naturaleza sea concebida no como una fuente inagotable de recursos, sino como nuestro hogar.

3. Acciones y propuestas para la protección de glaciares y la justicia climática

Cambiar los paradigmas y las prácticas depredadoras de nuestra civilización requiere confrontar el capitalismo y el mercantilismo con alternativas basadas en el bien común, la solidaridad y la sostenibilidad. La Conferencia de los Pueblos sobre Cambio Climático y derechos de la Madre Tierra ha contribuido en este debate y propuesto una serie de perspectivas y propuestas para avanzar en esta línea.

La propuesta de las organizaciones apunta al desarrollo de una Visión Compartida, que limite la emisión de gases de efecto invernadero responsable y que honre la deuda histórica. Propone, entre otros elementos:

· Limitar a 300 ppm las concentraciones de gases de efecto invernadero.

· Avanzar en la conceptualización de los derechos de la Madre Tierra

· Confrontar las causas estructurales de la crisis sistémica vigente, asentadas en los sistemas financieros, de producción y de comercio.

· Crear un Tribunal de Justicia Climática, a fin de establecer las responsabilidades históricas y posibilitar la construcción de un régimen climático justo, que asegure las condiciones para la continuidad de la vida en el planeta.

La defensa de los glaciares va de la mano de la defensa de un régimen climático que asegure una estabilización de concentraciones de gases de efecto invernadero, en márgenes no mayores a los 1.5 ºC. La comunidad científica advierte que una elevación promedio de temperatura por encima de este límite derivará inevitablemente en la aceleración de los procesos de desglaciación, siendo los glaciares andinos los más afectados.

Pero, al mismo tiempo, esta defensa va de la mano con una visión del desarrollo y del cuidado de la naturaleza y del agua, que protejan verdaderamente a los territorios glaciares como patrimonios de la naturaleza. Ello ante la necesidad de hacer frente a otros responsables directos de su destrucción, como la minería extractiva, que no duda en alterar un ecosistema y destruir comunidades completas para extraer minerales.

La defensa de los glaciares es, por tanto, la defensa de la vida, del agua y de la Pachamama.

Notas

(1) Las negociaciones internacionales para generar acuerdos de reducción voluntarios (Cancún, 2010) pueden, en su resultados, exceder los 2ºC.

(2) Un “sky-lift” es un hidroelevador con canastilla en su extremo superior, usado en los centros de esquí para remontar alturas.

(3) Proceso impulsado desde la sociedad civil, que sesionó en una pre audiencia en Octubre de 2009.

(4) Consumo caracterizado por la acumulación y la obsolescencia programada de productos, fenómenos que generan, por una parte, prácticas de concentración y agotamiento de recursos que antes fueron bienes comunes abundantes; y por otra, una cultura de “comprar-desechar” como “motor” de la economía.

Bibliografía

· Cambio Climático 2007 – Informe de Síntesis, Informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, OMM, PNUMA, Ginebra, Suiza, 2008.

· El Cambio Climático y el Agua, Documento Técnico VI del IPCC, Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, OMM, PNUMA, Ginebra, Suiza, 2008.

· Ramírez, Edson: Impactos del cambio climático y gestión del agua sobre la disponibilidad de recursos hídricos para las ciudades de La Paz y El Alto, REDESMA, Octubre 2003 pp49-61. Bolivia, 2008.

· Sitio de el Cuadro de referencia sobre Incremento de 4 grados http://kedlap.cebem.org/index.php?/esl/content/search

· Tribunal Internacional de Justicia Climática, Audiencia Preliminar, Cochabamba – Bolivia, 13 y 14 de Octubre 2009, Ediciones Fundación Solón, La Paz, 2009.

Publicado en el Libro "Glaciares andinos, recursos hídricos y cambio climático: desafíos para la justicia climática en el Cono Sur". 2011. Ver publicación aquí.

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