• Bolivia y el cambio climático: un desafío más allá de la política

    Ha llovido sin cesar en la Amazonía y los Valles bolivianos. Las aguas anegaron nuestro territorio desde enero, lluvias consideradas las peores en 40 años. Más de 60.000 familias, es decir, al menos 350.000 personas han tenido que dejar sus casas y lo han perdido casi todo: sus pertenencias, sus animales, sus cultivos, la cotidianidad de sus vidas. UNICEF ha informado que 60.000 niños bolivianos han sido afectados. 900 colegios debieron suspender sus actividades. Los muertos y desaparecidos superaron el medio centenar y aun no tenemos la dimensión de las repercusiones en la salud, la habitabilidad y la capacidad de las comunidades para reconstruir sus vidas ante la evidencia de la destrucción que emerge con el descenso de las aguas. La situación de las comunidades del TIPNIS delata los factores que incrementan la vulnerabilidad. Aunque las informaciones hablan de enormes pérdidas de cultivos de yuca, arroz, papa, soya, hortalizas y en ganado -habiéndose reportado la pérdida de más de 250.000 cabezas- aún está por verse la repercusión de las inundaciones en la vida de estas poblaciones, en las economías regionales y en la economía nacional.

    Ago 28
  • Si las palabras fueran …

    Ay! me duele Palestina. Los niños de Gaza corren, no es para jugar ni para atrapar sus sueños, es para salvar sus vidas o quizá sólo para evitar el dolor ante la velocidad de la violencia sionista en sus ciudades de arena seca.

    Ago 26
  • Cognitive Dissonance: Why Are We So Complacent in the Face of Climate Change?

    It has rained incessantly recently in the Bolivian Amazon and in the Valleys. The waters that have flooded our territory since January, are thought to be the result of the worst rains in 40 years. More than 60,000 families have been affected—at least 350,000 people have had to leave their homes.

    They have lost almost everything they own: their animals, their crops, their daily lives. UNICEF has reported that 60,000 Bolivian children have been affected. Nine hundred schools have had to suspend activities for almost a month due to high risk. More than fifty people have died and some of their bodies have still not been recovered. And we cannot yet tell what the magnitude of the impact on health, food and the ability of communities to rebuild their lives will be as the floodwaters recede and the extent of the destruction is slowly revealed. One small example of how poverty triggers the vulnerability of communities comes from the situation of the indigenous people in the Isiboro Sécure National Park and Indigenous Territory (TIPNIS) communities.

    Ago 26

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