Decenas de organizaciones de base cuestionaron y rechazaron durante siete días los acuerdos de libre comercio injustos

La sociedad civil despierta del letargo
Semana de Acción Mundial
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En buena medida, la anomia y el desinterés propios de la ciudadanía de los años 80 y 90 del siglo pasado hicieron posible la exitosa incursión de un credo económico que privatizó empresas estatales rentables y redujo al Estado a su mínima expresión. Dos décadas después, importantes sectores ciudadanos despiertan del letargo y comienzan a recuperar su derecho a disentir e interpelar, como lo demuestra la creciente participación social en actos de masas en contra de acuerdos comerciales que sitúan a las leyes del mercado por encima de las Constituciones Políticas Nacionales.
Las máximas organizaciones sindicales campesinas, fabriles, gremiales, de trabajadores de salud, mujeres y decenas grupos ciudadanos y ONGs que operan en Bolivia participaron activamente en la Semana de Acción Mundial por un Comercio Justo y Solidario, una campaña simultánea en 80 países del mundo diseñada para corroborar que no todos los ciudadanos desean vivir en un régimen social en el que el derecho del capital sea más importante que los derechos humanos.
Si algo quedó en evidencia en la semana comprendida entre el 10 y 17 de abril es que las tradicionales expresiones de masas, como las marchas o los mítines, dan paso a otras formas de protesta contra el denominado libre comercio injusto. Se podría decir que los activistas y las organizaciones de la sociedad boliviana encontraron en el arte una poderosa herramienta para despertar conciencias y motivar la participación de la gente.

Arte para reflexionar
En la Semana de Acción Mundial se buscaba cumplir al menos cuatro objetivos básicos: informar de los acuerdos de libre comercio; denunciar el actual orden económico; fortalecer las iniciativas de comercio justo y presionar a los dirigentes gubernamentales para que se distancien de las políticas económicas neoliberales. El carácter descentralizado de la campaña permitió la participación de una gran cantidad de organizaciones y grupos ciudadanos alrededor del mundo y estrechó aún más los lazos entre asociaciones y ONG comprometidas en la lucha contra las políticas de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
El Movimiento Boliviano de Lucha contra el ALCA y el TLC no sólo cumplió esos objetivos sino que consiguió involucrar a más sectores en la movilización. Por ejemplo, por primera vez, distintas iglesias participaron conjuntamente en un acto que reclamaba un comercio justo. Con el auspicio del Instituto Superior Ecuménico Andino de Teología (ISEAT), oraron en conjunto sacerdotes y religiosas de la Iglesia Católica, miembros de iglesias pentecostales, evangélicas, metodistas, y representantes de la Iglesia Luterana.
Por otro lado, el trabajo anónimo de cientos de personas, la mayoría jóvenes, que se volcaron a las calles de cinco ciudades capitales del país (La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Sucre y Tarija) para denunciar injusticias a través del arte logró en cierta medida despertar a la población en general y hacerle entender que la apertura comercial y la privatización extremas (las transnacionales quieren apropiarse hasta de los seres vivos) perjudicarán enormemente a los países menos desarrollados y más vulnerables.
En la Semana de Acción en Bolivia se cumplió una nutrida agenda cultural en la que destacaron el teatro callejero, conciertos de música, danza y un novísimo concurso de murales. Al menos 150 trabajos se presentaron, 15 de los cuales serán reproducidos en espacios públicos de la ciudad de La Paz como expresiones de rechazo permanente al libre comercio neoliberal. De la misma manera, el tinku denominado “El Pajpacu”, compuesto por el canta autor boliviano Manuel Monrroy, se queda grabado en la mente de la ciudadanía como una crítica a los embaucadores extranjeros que suelen llegar al país a explotar los recursos naturales públicos sin dejar beneficios para la gente.
En las jornadas artísticas participaron el centro cultural CEADL de El Alto, la compañía de Teatro WILANI, Teatrofia de Sucre, los dúos Negro y Blanco y La Caja, Donato Espinoza, Miguel Amado, el grupo Qhiparmanti y el cuerpo de ballet de los “thinkus Puros” de la UMSA, entre otros artistas que cuestionaron y rechazaron una vez más al patrón de desarrollo impuesto por los países ricos como único camino para salir de la pobreza.

El mensaje que queda grabado
El Estado tiene el derecho a dictar e imponer reglas económicas, sociales y jurídicas tal y como lo hicieron los países del primer mundo antes de alcanzar el desarrollo; a Bolivia no le conviene someterse a un tratado de libre comercio neoliberal que limita severamente las facultades del Estado. En ese propósito, la Asamblea Constituyente tiene la gran misión de nacionalizar todos los recursos naturales.
Esa es una de las principales conclusiones de un seminario nacional que organizó el Movimiento boliviano contra el TLC en el marco de la Semana de Acción Mundial por un comercio justo que tenía la misión de elaborar una propuesta de la sociedad civil con miras a la Asamblea Constituyente.
Al menos 250 representantes de organizaciones sindicales, campesinas, indígenas, de trabajadores, mujeres, jóvenes, de derechos humanos, religiosas, culturales y miembros de organismos no gubernamentales dejaron establecido que la Constitución Política del Estado (CPE) tiene rango jurídico superior a cualquier ley comercial, como el TLC con Estados Unidos. Por tanto, las autoridades no pueden firmar acuerdos comerciales que contrarían a la Carta Magna.
En el seminario se propuso que la futura Constitución incluya un término casi olvidado por la vorágine capitalista que ensalza el individualismo y rinde culto a la ganancia privada: la solidaridad. La solidaridad debe ser uno de los fundamentos del Estado democrático boliviano; el Estado debe reconocer la Economía Solidaria entendida como una forma económica que se basa en asociaciones de producción, transformación y comercialización, como las cooperativas, OECAs y microempresas, plantearon los asistentes.
Sin duda, el seminario nacional y las demás actividades culturales desarrolladas a lo largo de la Semana de Acción en Bolivia permitieron difundir ampliamente una idea que se va asentando en una sociedad cada vez más interesada en los asuntos públicos. Esta concepción tiene que ver con la recuperación de los recursos naturales para beneficio social, y sobre todo con la construcción de un país en el que el espíritu de justicia social sea más importante que las leyes de oferta y demanda o las ganancias de las empresas transnacionales.
Pese al cerco mediático –léase el silencio de los grandes medios de comunicación– esta idea contraria a los axiomas neoliberales toma cuerpo no solo en la sociedad boliviana sino en todas las comunidades del planeta que de una u otra forma han sido golpeadas por el modelo de desarrollo excluyente promovido por las grandes potencias capitalistas.

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