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La primera conclusión del Seminario Nacional Asamblea
Constituyente y Libre Comercio:
El
Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y muchos otros acuerdos
internacionales destinados a normar el comercio internacional,
como el GATS, no solo violan los derechos humanos al hacer prevalecer
el derecho de los inversionistas extranjeros por sobre todas las
cosas sino que contradicen abiertamente a la ley de leyes boliviana,
es decir a la Constitución Política del Estado.
Esa
es una de las primeras conclusiones a las que llegó el
Seminario Nacional Asamblea Constituyente y Libre Comercio que
se realiza en La Paz con la participación de cientos de
representantes del magisterio, sindicatos de mujeres y organizaciones
campesinas e indígenas de todo el país.
El
seminario nacional es una de las actividades que organiza el Movimiento
de Lucha contra el TLC y ALCA en el marco de la Semana de Acción
Mundial por un Comercio Justo y Solidario, una campaña
internacional en la que participan activistas de 100 países
con el objetivo de cuestionar una vez más el patrón
de desarrollo neoliberal impuesto por los países ricos
y sus organismos financieros como el FMI y el Banco Mundial.
En
la inauguración del seminario, María Chávez,
representante del Instituto Superior Ecuménico Andino de
Teología (ISEAT) , reconoció que varias organizaciones
religiosas del país replantearon su posición luego
del conflicto social de octubre de 2003. Desde entonces, estas
agrupaciones comprendieron que el mundo de contradicciones actual
no es el único viable. “Tenemos derecho a soñar
y a cambiar, podemos hacer una nueva realidad porque no nos conformarnos
con las estructuras actuales”, dijo Chávez refiriéndose
a la lucha que han emprendido las organizaciones sociales contra
el modelo económico excluyente que se impone a los países
en desarrollo.
Pablo
Solón, representante de la Fundación Solón,
denunció que los países ricos, a través de
sus acuerdos internacionales, “han volteado la tortilla”:
Hoy los derechos del comercio y de los inversionistas privados
están por encima de los derechos humanos.
Según
Solón, los movimientos sociales bolivianos proponen una
alternativa a los acuerdos de libre comercio injustos como el
TLC o el ALCA, esto es el comercio solidario. La diferencia entre
ambos tipos es abismal. Los acuerdos comerciales en negociación,
como el TLC, abarcan mucho más que temas estrictamente
comerciales, como por ejemplo los servicios básicos que
tienen una función social, la propiedad intelectual y la
agricultura. Y, lo que es peor, estos acuerdos son confidenciales
por 10 años, es decir que se los negocia en secreto.
Solón
dijo que las organizaciones sociales están de acuerdo con
fijar reglas al comercio, pero esas reglas no pueden ser iguales
para competidores diametralmente distintos. No es justo ni equilibrado
obligar a los microempresarios alteños a competir en igualdad
de condiciones con las grandes transnacionales de Estados Unidos.
Tampoco es razonable incluir en los acuerdos temas que van más
allá del intercambio de mercancías, como son los
servicios básicos o la misma agricultura, que es un modo
de vida para millones de productores.
El
TLC viola la Constitución
En su exposición, el presidente de la Asamblea Permanente
de Derechos Humanos de Bolivia (APDHB), Sacha Llorenti, enfatizó
que la Constitución Política del Estado (CPE), la
ley de leyes, es vulnerada severamente por los acuerdos de libre
comercio en negociación.
Llorenti
hizo una revisión de los articulados de la CPE que son
vulnerados por el TLC. Por ejemplo, los artículos 2 y 4
indican que la soberanía reside en el pueblo, es inalienable
e imprescriptible. Entonces, si no existe una decisión
soberana del pueblo para la firma del TLC a través de un
referéndum, se violarán estos artículos.
El
TLC también viola el artículo 7 de la Constitución,
referido a las garantías y derechos fundamentales de las
personas. El artículo 35 de la CPE indica que los derechos
y garantías dispuestos en el artículo 7 no niegan
otros derechos no enunciados. Por ejemplo, la sociedad tiene derecho
a un medioambiente sano, y sobre todo a la libertad de acceso
a la información. El TLC viola estos principios porque
es un acuerdo que se negocia en secreto.
El
artículo 24 indica claramente que las empresas y súbditos
extranjeros están obligados a someterse a las leyes y autoridades
bolivianas. El TLC niega este precepto porque impone tribunales
supranacionales, como el CIADI del Banco Mundial, para dirimir
conflictos comerciales. El artículo 31 dice que son nulos
los actos de quienes usurpen funciones. En este caso, los tribunales
supranacionales que instaura el TLC están suplantando las
atribuciones de la justicia boliviana.
Los
artículos 141 y 142 autorizan al Estado a regir el comercio
y la industria e intervenir el mercado a través del monopolio
fiscal de determinadas exportaciones si el bien público
así lo requiere. Sin embargo, el TLC impone límites
al control soberano del Estado, que ni siquiera puede imponer
requisitos de desempeño a la inversión extranjera.
En
resumen, el TLC vulnera el régimen social porque protege
al capital y no a los trabajadores; obvia el derecho de los pueblos
indígenas contenido en el artículo 171 de la CPE.
Además, las reglas que imponen los acuerdos comerciales
internacionales limitan las competencias y la soberanía
del Estado.
En
esas condiciones, el Estado no puede suscribir un acuerdo internacional
como el TLC porque vulnera la Constitución. Este tipo de
acuerdos no solo violan el espíritu de los derechos humanos,
sino que contradicen la dignidad humana, dijo Llorenti.
El
objetivo del seminario
Los organizadores del seminario consideran necesario desarrollar
propuestas alternativas frente a los postulados del mal llamado
“libre comercio” para que sean discutidas en la futura
Asamblea Constituyente. Es necesario, argumentan, contar con principios
claros y precisos que guíen cualquier negociación
comercial futura en el marco del respeto de los derechos humanos
y de los recursos naturales. Es por eso que el seminario analizará
el TLC en detalle, discutirá y elaborará propuestas
para un “comercio justo” en oposición al “libre
comercio” neoliberal.
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