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Una investigación periodística revela que los
negocios con el agua provocaron una epidemia de cólera
con 300 muertos en Sudáfrica
Tres compañías internacionales se valieron de argucias
para controlar y lucrar con el líquido vital. Lograron
enormes utilidades gracias a la privatización de los servicios
de saneamiento que impulsó el Banco Mundial.
Probablemente
los pobladores del asentamiento humano Lomo de Corvina de Villa
El Salvador (Perú) desconocen que la privatización
del servicio de agua potable fue la causa indirecta para que se
presentara una epidemia de cólera en Sudáfrica.
Una investigación realizada por el Consorcio Internacional
de Periodistas Investigativos revela que al privatizar el agua
en ese país las tarifas se elevaron y la población
no pudo pagarlas, por lo que consumían agua contaminada
de los riachuelos.
Es
posible que si los pobladores de Lomo de Corvina estuvieran informados
de este hecho habrían dudado en movilizarse para exigir
la privatización de Sedapal, indica un reportaje de las
periodistas Lilia Guerra y Natalia Vera del diario peruano La
República.
La
investigación realizada del Consorcio Internacional de
Periodistas contó con el apoyo del Centro para la Integridad
Pública, y demostró que para Suez y Vivendi Environment
de Francia y Thames Water de Inglaterra, las tres empresas de
suministro de agua más grandes del mundo, este líquido
no es para beber, sino para lucrar. No en vano les llaman "los
barones del agua".
La
expansión de "los barones del agua" a nivel mundial
no hubiera sido posible sin la ayuda del Banco Mundial y de otras
instituciones financieras internacionales, como el Fondo Monetario
Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco
Asiático de Fomento y el Banco Europeo de Reconstrucción.
La
investigación que les siguió la pista a las operaciones
de estas empresas durante 12 años mostró que sus
ganancias se elevaron en casi 1.000 por ciento durante una década.
Tarjetas
prepago
A inicios de los noventa, el BM empezó a recomendar la
privatización de las empresas públicas de saneamiento
bajo el supuesto de que la gente debía pagar su "costo
real" y contribuir con ello a expandir las redes.
Uno
de los países que siguió las recomendaciones del
BM fue Sudáfrica, que desarrolló un programa de
privatización en cinco localidades. En 1999 Siza Water
Company (SWC) ganó la concesión de Nkobongo por
30 años. Al principio las familias entusiasmadas por tener
agua en casa pagaban la tarifa. Pero luego ocurrió que
comenzaron los problemas para cancelar las ensualidades.
SWC elevó los costos entre 98 y 140% afirmando que lo hacía
para suplir sus pérdidas.
Mientras
esto pasaba en Nkobongo, en Ngwelezane la empresa usó la
tarjeta prepago en los grifos comunales. El usuario deslizaba
la tarjeta en un medidor y activaba el grifo. El agua dejaba de
salir cuando se retiraba la tarjeta.Otra táctica de control
fue un disco con dos agujeros llamado "el hilito de agua".
Si la gente no cumplía con pagar, la compañía
insertaba un disco en la válvula y al agua salía
como un fino hilo. La población podía tener agua,
pero de una forma muy restringida.
Tiempos
de cólera
Al no pagar, ante lo elevado de las tarifas, los pobladores desesperados
empezaron a abastecerse en riachuelos y lagos contaminados con
desperdicios manos. La consecuencia fue el surgimiento de una
epidemia de cólera que se extendió por el país.
En enero del 2002, cuando el mal terminó, había
más de 250,000 personas infectadas y 300 muertos.
El
informe señala que el gobierno municipal para obligar a
la gente a pagar puso candados en los grifos. La política
del costo total y la privatización que promovió
el BM trajo más pobreza que desarrollo, puntualiza la investigación.
Diez años antes de esta epidemia la transnacional francesa
Suez se instaló en Sudáfrica, donde creó
Water and Sanitation Services South Africa (WSSA), con lo que
obtuvo tres contratos de concesión Queenstown, Stutterheim
y Fort Beaufort y elevó las tarifas en 300% entre 1994
y 1999.
Tango
y cash
En 1993 durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, Argentina,
que enfrentaba su mayor crisis económica, privatizó
la empresa de servicio de agua de Buenos Aires bajo la presión
del BM y el Fondo Monetario Internacional (FMI). El mensaje: las
empresas privadas harán una mejor labor, llevando agua
y conexiones de alcantarillado a las zonas más pobres.
La
empresa pública Obras Sanitarias de la Nación (OSN),
que atendía a 9.3 millones de habitantes, era el premio
mayor para cualquier corporación. Para conseguirlo, las
empresas Suez y Vivendi unieron fuerzas y en 1992, junto a uno
de los hombres preferidos de Menem, Santiago Soldati, crearon
Aguas Argentinas (AA), que obtuvo la concesión por 30 años.
Antes del traspaso, y para hacerlo más atractivo, el gobierno
dispuso un incremento de tarifas de 74%.
El
BM presenta a la concesión del agua en Argentina como un
modelo de privatización. Sin embargo, el Icij demostró
que estuvo plagado de codicia, promesas incumplidas y corrupción.
El BM no solo otorgó préstamos para financiar la
privatización, sino que años más tarde tomó
a través de su filial International Financial Corporaction
(IFC) una participación del 7% en Aguas Argentinas.
La
misma figura se vio en Bolivia, cuando el IFC capitalizó
a la empresa Aguas del Illimani, subsidiaria de la Suez, y hoy
a punto de ser echada del país por no haber cumplido su
contrato. La transnacional se niega a invertir en una ciudad pobre
y con bajo consumo de agua, El Alto, dejando a 200 mil habitantes
sin acceso a servicios básicos.
El
BM prestó a uno de sus gerentes, Ventura Bengoechea, para
que negociara aumentos de tarifas de acuerdo con el gobierno.
Soldati, accionista de AA, logró ganancias de 100 millones
de dólares con el aumento de tarifas que se dio tras la
privatización. El líder del sindicato de trabajadores
Roberto Pereyra, quien en 1990 dijo que lucharía para evitar
la concesión, estaba sentado doce años más
tarde en el directorio de la compañía.
La
ministra de Ambiente en el gobierno de Menem, María Julia
Alsogaray, que premió a Aguas Argentinas con aumentos de
tarifas y otras concesiones en el contrato, es juzgada actualmente
por enriquecimiento ilícito. Según la prensa argentina,
después de la privatización de la luz y del agua
se compró una mansión en Buenos Aires y dos departamentos
en Nueva York.
Renegociar
Después de un año de haber ganado la concesión,
Aguas Argentinas quería renegociar el contrato alegando
problemas financieros, cosa que logró por presiones de
Suez. En los siguientes ocho años, importantes compromisos
contractuales de expansión de conexiones de agua a millones
de pobres no se cumplieron.
Respecto
de los beneficios de la privatización, AA asegura que ha
conectado cerca de un millón de personas al sistema de
agua para el 2000. Pero muchos observadores creen que la empresa
de servicio público hubiera logrado lo mismo y que AA olvidó
algunos puntos del contrato.
Una
de las grandes ironías de la privatización del agua
en Buenos Aires fue que la OSN fue una compañía
bien manejada, no estaba sobrecargada de deudas, e incluso el
año previo a su privatización tenía superávit,
perfil muy similar al de Sedapal.
Bogotá
prefirió ser eficiente que privatizar En Colombia, Cartagena
fue la primera ciudad en dar en concesión su servicio de
agua, con el apoyo del Banco Mundial. La multinacional Aguas de
Barcelona, cuyo accionista es el gigante francés Suez,
ganó un contrato a 20 años, y compró una
participación en una nueva empresa de acueducto y alcantarillado
de Cartagena llamada Acuacar.
La
empresa mejoró la cobertura de agua potable, pero el esfuerzo
privatizador de Cartagena quedó salpicado por acusaciones
de irregularidades en la contratación y por la falta de
transparencia. La controversia implicó al BM.
En
Bogotá fue diferente. En contra de los consejos del BM,
los alcaldes Enrique Peñalosa y Antanas Mockus decidieron
que el interés público estaría mejor servido
si se fortalecía a la Empresa de Acueducto y Alcantarillado
de Bogotá (Eaab) en lugar de privatizarla.
Eaab
se recuperó y tuvo éxito, a pesar de la continua
presión por privatizarla de parte del BM. En agosto de
1998, funcionarios del BM insistieron en su tesis ante los ejecutivos
colombianos, haciéndoles notar que para aprobar nuevos
créditos era necesario desmantelar subsidios y privatizar.
La Eaab optó por no solicitar préstamos al banco,
desde 1996, cuando firmó el último.
En
Perú, la gigante francesa Suez Lyonnaise des Aux estuvo
interesada en la concesión de Sedapal que se iba a concretar
a fines de los 90, y en el proyecto hidroenergético Olmos.
Tres ciudades alistan la concesión de los servicios de
agua potable y alcantarillado: Tumbes, Piura y Huancayo. La agencia
Proinversión tiene previsto entregar en concesión
el agua en Tumbes el próximo 23 de mayo.
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