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Excepto
un puñado de empresas dedicadas a la exportación, los gobiernos
y los movimientos sociales de los países que conforman la Comunidad
Andina de Naciones (CAN) ven un futuro sombrío debido a la negociación
del TLC con Estados Unidos. Washington es cada vez más duro y menos
razonable; no piensa ceder y dar compensaciones por las enormes asimetrías
generadas por sus subsidios y más al contrario obliga a eliminar
la Franja de Precios de la CAN. Las autoridades andinas advierten, y empiezan
a manifestarlo abiertamente, que a Estados Unidos no le preocupa los problemas
políticos que el TLC puede generar en estos países, lo cual
juega en contra de su propia seguridad interna.
Dos gobiernos
sin popularidad pretenden imponer un TLC a todas luces impopular. Lucio
Gutiérrez, de Ecuador, y Alejandro Toledo, de Perú, deben,
además, enfrentar las demandas que inversionistas norteamericanos
tienen pendientes de solución. En teoría, el avance de las
negociaciones no está condicionado a que se solucionen estas controversias,
pero en la práctica sí, porque se quiere llevar a la aprobación
del Congreso un paquete de TLCs que sean aceptables para los legisladores
norteamericanos.
Tal es la
desesperación, que el gobierno peruano ha decidido invitar al economista
Hernando de Soto para que participe en el último tramo de las negociaciones
para alcanzar un TLC. Se busca aprovechar su prestigio y los contactos
que tiene al interior del gobierno de Estados Unidos. Está previsto
que el propio Toledo intervenga aprovechando su buena relación
con su colega George Bush.
A estas alturas,
pensar en la negociación como un asunto estrictamente comercial
es "un atropello a la razón". Un informe de
la Comisión de la representación comercial norteamericana
(USTR) presentada al Congreso, en el que recomienda la ratificación
del TLC con Chile, lo describe claramente: "Las reducciones arancelarias
no tienen mayor importancia económica para ninguno de los dos países
puesto que ambas economías ya están abiertas. En cambio,
el impacto en la reducción de barreras no arancelarias vinculadas
a servicios e inversiones y el fortalecimiento de los derechos de propiedad
intelectual es importante. Esto nos sirve, sobre todo, como antecedente
para la firma de otros acuerdos".
La secretaría
general de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE) piensa que el TLC
no se limita a la liberalización del comercio sino que engloba
muchos otros temas que afectan a la política fiscal y laboral,
al gasto público, a la liberalización financiera.
"La globalización, organizada en forma equilibrada,
puede aportar positivamente a la consolidación de la democracia
y al desarrollo de la cultura, pero un mercado salvaje, bajo pretexto
de competitividad, agravará la brecha entre ricos y pobres y afectará
al medio ambiente", enfatiza la CEE.
Mientras los
andinos se preocupan por su estabilidad política, Estados Unidos
ha pedido a Colombia el acceso inmediato y libre de impuestos para el
trigo y la cebada. En el caso del trigo, Estados Unidos abastece el 60%
de las importaciones colombianas. Y quiere más, pues aspira a que
se desvíe una buena tajada del 40% restante que los colombianos
importan de Canadá.
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Con datos de El Comercio de Ecuador, La República de Colombia y
El Comercio de Perú.
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