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El discurso oficial de los gobiernos andinos que negocian Tratados de
Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos mantiene un argumento común:
los acuerdos comerciales benefician más, y automáticamente,
a los países pequeños debido a que éstos acceden
a un mercado enorme. Sin embargo, más que salvavidas para las pequeñas
economías latinoamericanas, los TLC se constituyen en herramientas
eficaces para consolidar la hegemonía de Estados Unidos en el mundo,
admiten las autoridades de la potencia del norte.
En la Trade Promotion Authority,
el permiso del Congreso norteamericano para que el Ejecutivo negocie tratados
comerciales, se señala textualmente que la suscripción de
acuerdos comerciales constituye "un mecanismo para fortalecer su
seguridad nacional y profundizar su hegemonía a nivel mundial.
Los Acuerdos de Libre Comercio maximizan las oportunidades para sectores
críticos y básicos para la economía de EEUU, como
la tecnología de la información, telecomunicaciones y otras
tecnologías líderes; industria básica, equipo de
capital, equipo médico, servicios, agricultura, tecnología
ambiental y
propiedad intelectual". La Trade Promotion Authority añade
que "El comercio creará nuevas oportunidades para que EE.UU.
preserve su fortaleza sin contrapesos en asuntos económicos, políticos
y militares".
Aunque es la primera potencia
mundial, Estados Unidos tiene un serio problema con sus déficits
comerciales y presupuestales e intenta revertir esa situación aplicando
una estrategia estrechamente vinculada con los TLC. Esa política
consiste en mantener el dólar devaluado para poder exportar lo
más posible (y revertir su déficit comercial); abrir mercados
externos para sus productos (aunque estén subsidiados, como los
agrícolas) y buscar protección frente a la "invasión
china" en productos manufacturados. Con los TLC con países
pequeños, Estados Unidos busca obtener ventajas que le son negadas
en foros más grandes como los de la Organización Mundial
del Comercio (OMC).
El presidente George W. Bush
sabe que el sector agrícola de su país es fundamental en
esta estrategia y por eso excluye de los TLC aspectos fundamentales en
el tema de agricultura. Hace poco nombró a Carlos Gutiérrez,
presidente de la Kellog (Corn Flakes), como nuevo Ministro de Comercio.
Gutiérrez está ligado a los grandes productores agrícolas,
que son los que reciben más subsidios (maíz y azúcar),
y su principal tarea es recortar el gigantesco déficit comercial
impulsando todo tipo de exportaciones para detener la pérdida de
empleos industriales.
El recientemente nombrado
Ministro de Agricultura Mike Johanns (ex lechero de Iowa), conocido como
conservador, deberá renegociar los subsidios directos al productor
que vencen en 2006. Su principal objetivo es abrir mercados externos para
productos agrícolas subsidiados, comenzando con el de Japón
y continuando con los demás mercados, grandes o pequeños.
Para la dura batalla en la
OMC con la Unión Europea y Japón, y para la negociación
de los TLC con los países andinos, Gutiérrez elegirá
a un nuevo Jefe de Comercio que reemplace a Robert Zoellick. Con seguridad,
el elegido será alguien que "piense y actúe como Gutiérrez",
adelantaron en Washington.
Las
debilidades del discurso andino
Planteado así el escenario
real de negociación, el discurso oficial de los países andinos
no sólo sobredimensiona los TLCs sino que les atribuye ventajas
cuasi inexistentes. La práctica real confirma que no basta con
la reducción de aranceles y cuotas para acceder al exigente mercado
norteamericano, que impone restricciones sanitarias y fitosanitarias,
además del antidumping.
Además, el aumento
de la oferta exportable no depende de la apertura de mercados sino de
las mejoras que hagan los países en productividad, calificación
de la fuerza laboral, tecnología y apoyo financiero.
Los gobiernos de la región
insisten en que los TLC son solo acuerdos de libre comercio. Pero, estos
tratados definen un nuevo rol del Estado en la economía, atentan
contra la instauración de proyectos de desarrollo nacionales y
autónomos; amplían el concepto de propiedad intelectual
hasta los seres vivos y condenan a la extinción a la agricultura
tradicional.
Los TLC consolidan las políticas
económicas de apertura y desregulación aplicadas durante
los noventa que engendraron exclusión social; pérdida del
capital humano, a través del desempleo y la alta migración;
y el debilitamiento extremo de la democracia en la región. Pues
para los TLC no existen agendas de fomento social, de infraestructura
ni de apoyo financiero que compensen las desigualdades de los socios.
En un detalle más se equivocan los países de la región,
como Perú, al desear firmar el TLC hasta el 28 de julio de 2005.
Como Bush tiene mayoría en las dos cámaras legislativas,
la negociación del TLC con los países andinos ya no tiene
ninguna razón de "apurarse" para acogerse al "fast
track" vigente, que vence en junio de este año. El "fast
track"se renueva automáticamente si el Ejecutivo pide una
ampliación hasta el 2007 y se descuenta que los republicanos otorgarán
al Presidente dos años más para que prosigan las negociaciones
en la OMC, el ALCA y varios TLC.
* Con datos del diario La
República de Perú.
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