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| Una
empleada de la UNESCO deja caer papelitos en el suelo. Los intocables
recogen los papelitos, para meterlos en el basurero. En su hotel,
Solón llama al lavandero. A señales, el lavandero
le dice que deje la ropa en el corredor un intocable no puede
entrar en su pieza. El Quijote Solón toca su hombro: Tienes
que rebelarte. No hay derecho . Le advierten a Solón que
si toca al intocable, no puede entrar al comedor. ¡Qué talento humano desperdiciado! Solón va donde trabajan los lavanderos. Usan el agua que baja de un cerro. Para lavar la ropa, están usando los pies como si fueran manos. Llega a la sala de plancha y se da cuenta que planchan usando los pies también. Podrían ser muy hábiles para producir arte popular, pero un Solón desilusionado no encuentra ningún ejemplo de arte popular entre los intocables. ¡Peor que los pongos en Bolivia! |
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