LOS MUROS TIENEN VIDA

Orlando Silva, muralista mexicano, le pagaba a Solón para pintar en Los Nidos, lugar alejado de Santiago de Chile. Misteriosamente Silva oía el mural para saber el momento preciso para pintar. Nunca explicaba el proceso. Un día, con la mezcla ya preparada, Silva no había llegado. "Si la mezcla te quema la oreja, no chorreará" dijo Silva por teléfono. Así Solón aprendió a oír el mural , descubriendo uno de los secretos del fresco.