OTRO ROBO

En la estación de tren, esperando volver a Sucre, cargaba todas sus posesiones. Un ladrón le golpeó. Le robaron su violón, el álbum de dibujos Psiquis, su título de profesor, y su carnet. De un golpe, su fama se convirtió en anonimato. Sintiéndose tan desolado como el altiplano al lado de las rieles, Solón decidió en Oruro desviarse al pueblo minero de Pulacayo para visitar a su hermana Elena, que era farmacéutica.

¡Cómo es el destino! El robo le había hecho a Solón viajar a Pulacayo en vez de a Sucre. El esposo de su hermana Elena le sugirió que exhibiera sus cuadros allí mismo en el pueblo minero de Pulacayo. ¿Quién creería que los mismos cuadros que nadie quiso comprar en La Paz pudieran venderse en el altiplano desolado? El primer día de la exposición, los extranjeros que trabajaban en la mina de Pulacayo le compraron todos sus cuadros.


Mujer, tempera (1947)