No había periódicos
en Uyuni, pero había noticias. Las noticias llegaban con
una banda. Wálter salía a escuchar. Con el tambor
marcando el ritmo de las noticias, un declamador recitaba los
sucesos del día a todos los curiosos del pueblo, Sólon,
el más curioso entre ellos, cuyo único mundo era
un inmenso salar, una estación y la torre del pueblo.
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