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Su recuerdo más antiguo
es el tren. A las cinco de la tarde en el paisaje estéril
de Uyuni, donde no crecía ningún árbol,
donde no existía ningún nido de pájaro,
Solón niño, salía a ver la llegada del tren.
En el altiplano interminable, una enorme riel se perdía
en el infinito. El mundo le llegaba a Wálter con el silbido
de un tren, a las cinco de la tarde. |