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Introducción
La
madrugada del 17 de julio de 1980 -cuando los "ch´uqutas"
aún no terminaban de recogerse a sus hogares después de cantar
"Oh Linda La Paz" y clamar al protomártir de la
independencia Pedro Domingo Murillo-, las radios transmitían
el "flash¨ noticioso alertando acerca de un levantamiento
militar en uno de los remotos cuarteles de Trinidad. A las
11 de la mañana, mientras se reunían los ejecutivos del Comité
Nacional de Defensa de la Democracia (CONADE) en el local
de la Central Obrera Boliviana (COB) para redactar un documento
y organizar la resistencia popular, estas instalaciones fueron
violentamente allanadas por paramilitares que descendieron
de las ambulancias, metralleta en mano. En el asalto intervinieron
los "Cuchillos largos" que respondían a las órdenes
de Luis Arce Gómez y Luis García Meza, los llamados "Coroneles
de la cocaína", quienes trataron de resolver por la vía
reaccionaria el "empate histórico" entre las Fuerzas
Armadas y la clase obrera durante el Estado del 52.
En
la COB fueron asesinados Marcelo Quiroga Santa Cruz, Gualberto
Vega y Carlos Flores Bedregal, líder político el primero y
dirigentes sindicales los últimos. Se acallaba así el Juicio
de Responsabilidades al Gral. Hugo Banzer Suárez que gobernó
durante siete años al país y al que Quiroga Santa Cruz hizo
responsable de la recesión económica y la crisis del Estado
del 52, de modo parecido al proceso iniciado con anterioridad
al Gral. René Barrientos Ortuño por entregar al gobierno boliviano
a una potencia extranjera. Estas eran, pues, las ordalías
encendidas por Quiroga y que fueron apagadas con su asesinato.
El
Juicio de Responsabilidades a René Barrientos Ortuño
Marcelo
Quiroga Santa Cruz -que fundó el Partido Socialista 1 (PS
1) en pleno golpe de Estado que encumbró a Hugo Banzer Suárez-
y que durante la dictadura de manu militari no dejó de denunciar
al "mandatario que instalado en el Palacio de Gobierno
no es de Bolivia" (1979: 2) fue el actor político que
inició el enjuiciamiento de la fase militar empresarial del
Estado del 52 a nombre del socialismo boliviano. Quiroga cobraba
dimensiones insospechadas en la política nacional, liderizando
a la izquierda por sus ideas y el carisma propio de su persona
i. Antes de iniciar el Juicio de Responsabilidades al Gral.
Banzer Suárez, Quiroga tuvo un primer intento para utilizar
el Parlamento como un foro y denunciar al Gral. René Barrientos
Ortuño, el 5 de septiembre de 1968.
En
aquella oportunidad juntamente a José Ortiz Mercado, en su
condición de diputado independiente -empero próximo a las
posiciones de la Falange Socialista Boliviana (FSB)- planteó
una demanda de Juicio de Responsabilidades a René Barrientos
Ortuño y su Ministro de Gobierno Antonio Arguedas Mendieta
por dejar que el gobierno nacional quede a expensas de los
Estados Unidos. Barrientos y Arguedas fueron acusados de "haber
permitido y coadyuvado al sometimiento del Gobierno y de la
Nación al control de un servicio de espionaje y represión
de un país extranjero, como es la Agencia Central de Inteligencia
(CIA)" (Quiroga y Ortiz 1968: 64 passim).
Era
la primera ocasión en la que un gobernante en ejercicio iba
a ser sometido a un Juicio de Responsabilidades y tendría
que responder con su Ministro de Gobierno a tres cargos:
“1)
Por haber servido, el segundo de los nombrados, según su propia
confesión pública, de agente estipendiado de la CIA; 2) Por
haber, el primero de los nombrados, prestado su concurso personal
y puesto su autoridad presidencial, en apoyo y protección
que la CIA cumplió y cumple en Bolivia; 3) Por haber, el segundo
de los nombrados, remitido una copia del Diario de Campaña
del Guerrillero Che Guevara, al gobierno cubano, cumpliendo
previsiones de la CIA por motivos que se revelarán en el curso
del Juicio de Responsabilidades” (Quiroga 1968: 67).
Quiroga
y Ortíz buscaban con ello fortalecer al movimiento nacional-popular
haciendo que el gobierno deba "responder a los designios
e intereses de una repartición extranjera de espionaje y represión,
política y económica, como es la Agencia Central de Inteligencia
de los Estados Unidos de América", exigiendo con ello
a las Fuerzas Armadas "elegir y cumplir una misión",
sea como fuerzas pretorianas al servicio de un "orden
oligárquico y reaccionario virreynal de un gobierno gobernado
(sic!) por la CIA" o "como un ejército del pueblo
de Bolivia, consciente y decididamente comprometido con el
proceso de liberación nacional" (ibíd).
La
demanda en cuestión, al momento fue rechazada por el Parlamento
boliviano. El 6 de septiembre de 1968 el Presidente del H.
Congreso Nacional en la persona del Dr. Manfredo Kempff Mercado
desestimó la petición de los diputados referidos, pidiendo,
por el contrario, que Quiroga Santa Cruz fuera aprehendido.
El líder carismático, a su vez, anoticiado de la resolución
congresal voluntariamente se presentó en los tribunales ordinarios
para enfrentar la acusación y fue detenido por miembros de
la Dirección de Investigación Criminal (DIC) que allanaron
las instalaciones del Palacio de Justicia de La Paz. Pasada
la conmoción se supo que Quiroga estaba confinado en Alto
Madidi despejándose así la susceptibilidad que habría sido
asesinado por los agentes de la DIC. Sólo el deceso de su
padre, don José Antonio Quiroga y la repentina muerte en el
accidente en helicóptero en la provincia Arque de Barrientos
en 1969 permitieron la libertad del diputado independiente.
Acto
seguido, Quiroga Santa Cruz se reinstaló en el Parlamento
y, con posterioridad, participó como Ministro de Minas y Petróleo
durante el gobierno del Gral. Alfredo Ovando Candia, procediendo
a nacionalizar la Bolivian Gulf Oil Company para cumplir con
la consigna de la defensa de los recursos naturales y de las
empresas públicas acuñada por Sergio Almaraz Paz. Luego, una
vez derrocado el mandatario Juan José Torres Gonzáles, acallada
la Asamblea Popular y a los tres meses de haber fundado el
PS 1, el líder carismático salió al exilio abandonando la
clandestinidad. Terminaba así la primera ordalía.
El
Juicio de Responsabilidades a Hugo Banzer Suárez
Fogueado
en el exilio, denunciando en las palestras internacionales
a la dictadura de Banzer Suárez, Marcelo Quiroga Santa Cruz
reinició su labor proselitista proyectándose como una figura
de renombre en la izquierda boliviana, debido a la certeza
de sus planteamientos y el carisma con el que lograba ganar
adherentes a su causa. Una vez en el Parlamento y restituida
transitoriamente la democracia, cuál si se tratase de un tribuno
moderno -que sólo puede ser comparado como Bautista Saavedra,
Franz Tamayo o Daniel Salamanca-, Quiroga Santa Cruz inició
el 30 de agosto de 1979 el Juicio de Responsabilidades al
autócrata del septenio. La Presidencia del Congreso Nacional
recaía bajo la responsabilidad de Lydia Gueiler Tejada.
En
este nuevo Juicio de Responsabilidades que concitó la atención
del país, Quiroga demando a Banzer ante la justicia boliviana
por emplear "el poder invocando la representación de
las Fuerzas Armadas y lo monopolizó en beneficio propio y
de quienes le seguían" lesionando la integridad económica
de la República, toda vez que dictó una Ley de Hidrocarburos
contraría al interés nacional; factibilizó la venta de tierras
fiscales en beneficio propio; incentivó y permitió la inmigración
rascista al país; detención, exilio y desaparición de opositores
al régimen; violación a la libertad de prensa y de asociación;
matanza del valle; asesinatos a sus excolaboradores Andrés
Selich Chop y Joaquín Zenteno Anaya; delitos contra la seguridad,
soberanía e integridad nacionales; permitir la intervención
extranjera en asuntos internos del país; delitos contra la
economía nacional y popular; venta de gas al Brasil; negociaciones
con Chile, etc (Quiroga 1982: 3 passim).
Quiroga
quiso vencer con este Juicio de Responsabilidades el "empate
histórico" ii entre las Fuerzas Armadas y la clase obrera
durante el Estado del 52 y, con mayor propiedad, acusar a
Banzer como el principal expositor de la reacción en contra
de la autodeterminación de la sociedad civil. El contexto
internacional de esta medida, por otra parte, se enmarcó en
la crisis de hegemonía de la "pax americana" con
sus secuelas de clientelismo, corporativismo y prebendalismo
(García 1993: 221 passim).
El
tribuno al dar por terminada su exposición que demandó tres
sesiones congresales, abarcando aproximadamente catorce horas
y que paulatinamente acalló las rechiflas de las barras opuestas
sostenía que
“queremos
decir a todos en este juicio, como lo anunciamos en el primer
instante, que éste es inexcusablemente un juicio político.
Es un juicio de naturaleza política que sólo la ignorancia
política o la mala fe identifica con el juicio partidario
o la expresión subalterna de enconos y resentimientos personales.
Es un juicio político porque es de naturaleza política el
delito que hay que juzgar. Es juicio político porque los administradores
deshonestos del interés nacional, aquellos que se enriquecieron
ilícitamente, aquellos que violaron derechos y libertades
fundamentales, no incurrieron en los delitos mencionados y
probados como personas privadas. Lo hicieron en ejercicio
de funciones públicas. En el caso de Banzer, en el ejercicio
de la más importante función pública del país, desde la Presidencia
de la República”(Quiroga 1982:7 ).
Era,
en suma, un juicio a quien provocó la más aguda recesión económica
del país y precipitó la crisis del Estado del 52, tornando
virtualmente a las Fuerzas Armadas en un partido político
de la burguesía intermediaria. No obstante la repetida afirmación
de que el Juicio de Responsabilidades fue eminentemente político,
la malicie personal se impuso, cobrando la vida de Quiroga
Santa Cruz, cortando también abruptamente la segunda ordalía.
Antes hubo un primer intento de acallar su voz con el golpe
de Estado del 1 de noviembre de 1979, utilizando a Alberto
Natusch Busch para masacrar a 500 ciudadanos.
El
golpe de Estado de los "Coroneles de la cocaína"
El
16 de julio es en La Paz un día especial, pues se celebra
el grito independentista de Pedro Domingo Murillo efectuado
en 1809. Los "ch´uqutas" aquel 16 de julio de 1980
se dedicaban a vitorear al protomártir, bebiendo "sucumbés"
y cantando a voz en cuello "Oh Linda La Paz". La
madrugada del 17 de julio de aquel fatídico año, cuando todavía
los últimos noctámbulos no se recogían a sus hogares, un "flash"
noticioso en las radios alertaba acerca de un alzamiento armado
en un remota guarnición militar de Trinidad, en el departamento
del Beni. Nadie en principio dio la debida importancia al
pustch considerando, por el contrario, que como el 1 de noviembre
de 1979 las masas populares derrotarían nuevamente al ejército,
convocando más por protocolo que por obligación a una reunión
del Comité Nacional de Defensa de la Democracia (CONADE) a
realizarse en las dependencias de la COB en el paseo del Prado
de la sede de gobierno.
La
reunión se llevó a cabo en medio de las discusiones sobre
la redacción del documento de rechazo al golpe de Estado y
el consiguiente llamado a la resistencia, cuando de pronto
irrumpieron en las puertas de la COB unas ambulancias que
albergaban a los paramilitares, quienes de manera rápida y
sorpresiva anularon cualquier reacción de los dirigentes de
CONADE, cobrando la vida de Marcelo Quiroga Santa Cruz, Gualberto
Vega y Carlos Flores Bedregal. Se acallaba así para siempre
la voz del líder carismático y de los dirigentes sindicales
bolivianos iii.
En
realidad, el asesinato de Quiroga fue anunciado por Luis García
Meza el 22 de junio de 1980, cuando en nombre de la razón
última del Estado vociferó:
“(a)dvierto
por última vez que las Fuerzas Armadas de la Nación no permitirán
un ataque más a cualquiera de sus miembros o a la propia institución
tutelar de la patria y los que se reiteren en sus insultos
se atendrán a sus graves consecuencias. No se puede tolerar
más esos ataques, esos insultos a las Fuerzas Armadas, como
el caso de Marcelo Quiroga Santa Cruz, que sin saber nada,
se ocupa de la vida económica y organizativa de la institución
armada. A ese señor, las Fuerzas Armadas sabrán ponerle en
su lugar y yo como hombre” (García Meza 1985: 8).
Esta
provocación recibió al día siguiente, el 23 de junio de 1980
la digna y contundente respuesta del líder carismático, que
a la letra sostuvo:
“(i)nvito
al general García Meza a debatir públicamente, por el medio
de comunicación que él prefiera, sobre la vida organizativa
y económica de las Fuerzas Armadas, como un modo de probar
cuál de los dos conoce más de ellas. Toda institución nacional,
incluidas las Fuerzas Armadas y la Iglesia están sujetas a
la crítica o elogio que su conducta merezca. En uso de un
derecho constitucional y en cumplimiento de un deber ciudadano
irrenunciable, seguiré ocupándome del análisis de la conducción
de las Fuerzas Armadas, tantas veces como juzgue necesario.
En cuanto a la amenaza de agresión física que, con propósitos
intimidatorios, formula el general García Meza, por cuenta
de las Fuerzas Armadas y en nombre suyo, debo aclarar que,
sin bien no ignoro la demostrada peligrosidad de la misma,
estoy, como siempre, resuelto a defender mi honra, mi vida
y de los míos” (Quiroga 1985: 8).
Sus
días estaban contados y los verdugos designados por los "Coroneles
de la cocaína" preparaban la faena.
La
noche de los "Cuchillos largos"
La
hora fatal había sido precedida por una borrachera sin nombre
llevada a cabo en el local "La Melgerejo" de propiedad
de Hugo Dávila, situado en la populosa Villa Fátima, donde
los paramilitares bebieron hasta las 10: 00 de la mañana para
dirigirse luego a la sede de la COB. En las actas que cursan
en la Excelentísima Corte Suprema de Justicia -en la ciudad
de Sucre- y que se hallan en el Grupo de Delitos Nro. 2 calificado
como "Asalto a la COB y otros asesinatos", se tienen
los nombres de los paramilitares que tomaron las dependencias
de la COB, a saber: Guido Benavidez Alvisuri; Tito Montaño
Belzú; Andrés Ivanovic Tapia; Juan Carlos Peralta Valda; Galo
Rubén Trufillo Braun; Daniel Torrico Balderrama; Gerardo Sanjinés
Rivas; René Humberto Chacón Tavera; Víctor Barrenechea Aramayo;
Juan Carlos Otalora Calderón; Víctor Maceda Arce; Jaime Sándoval
Tarifa; y, Pablo Virgilio Ontiveros. Cabe resaltar que estos
paramilitares se autodenominaron los "Cuchillos largos"
y que en su mayoría fueron funcionarios policiales al servicio
del Departamento de Orden Político (DOP) de la dictadura banzerista.
Los
"Cuchillos largos", según su propia versión, con
anterioridad participaron en marzo de 1980 en la captura,
tortura y asesinato del jesuita Luis Espinal Camps. Este grupo
paramilitar actúo bajo las órdenes directas de Luis García
Meza y Luis Arce Gómez, quienes se apertrecharon en el Gran
Cuartel de Miraflores durante el golpe de Estado y en el Palacio
Quemado y el Ministerio del Interior una vez triunfante el
cuartelazo. Los "Cuchillos largos" con posterioridad
a la toma de la COB trasladaron a los sobrevivientes al Gran
Cuartel de Miraflores, contando para el efecto con la "colaboración"
de los "asesores" argentinos que obligaban a los
actores políticos detenidos a "mirar al mar!".
El
periodista Augusto Montesinos Hurtado, cuando trabajaba en
"El Nacional" de Caracas el 18 de junio de 1981,
al tener una entrevista con el Dr. Víctor Paz Estenssoro -de
dilatada participación política en el país- obtuvo del mismo
la siguiente declaración: "Nosotros -el MNR- hicimos
en 1971 el golpe para el General Humberto Cayoja, pero éste
fue herido por un señor Salcedo en la frontera con el Paraguay
y tuvimos que cambiar de jefe militar y ahí encontramos a
Banzer". Consultado por Montesinos acerca del putsch
de los "Coroneles de la cocaína", el mismo Paz Estenssoro
sostuvo: "por su parte, García Meza confesó que silenciaron
al político Marcelo Quiroga Santa Cruz para defenderlo ante
Banzer del juicio de responsabilidades y que la ingratitud
del expresidente se muestra en los complots que le preparó
al General García Meza".
Los
disparos en la sede de la COB silenciaron para siempre al
tribuno contemporáneo, dejando así una "Ordalía inconclusa"
tal como dice el poema de Ramiro Barrenechea musicalizado
por "Kalasaya" y "Canto popular". Los
"Cuchilos largos" cumplieron así con el mandato
de García Meza y Arce Gómez y, con ellos, los acusados en
el Juicio de Responsabilidades a la dictadura del septenio.
En
consideración a ello:
“(l)a
pasión y la muerte de Quiroga Santa Cruz son por eso tan reveladoras
por todo concepto. Con el rango que le da el ser el mejor
orador de su tiempo, Quiroga asumió la peligrosa certeza en
la impugnación del sistema prebendal que se desarrolló en
su forma más general con Banzer. Se puede decir sin vueltas
que Quiroga fue el denunciante más insobornable y poderoso
de ese tiempo aciago. En la manera miserable con que fue ultimado,
en el cumplimiento más protervo de una promesa hecha por García
Meza ante el país entero, se puede encontrar la medida de
lo que esto comprendía. El desenfado absoluto con que actuaron
al desnudo García Meza y todo el extremismo militar era la
prueba del nivel de no retorno al que había llegado la política
y de la impotencia de la sociedad civil ahora sí ocupada por
su propio Estado, el cual se había reducido a su mera expresión
armada” (Zavaleta 1983: 23).
Las
contradicciones de clase, en suma, en determinadas coyunturas
se resumen en un individuo, de manera que su acallamiento
es también el silenciar un proyecto político. Con la muerte
de Quiroga Santa Cruz se acabó también con una propuesta,
tal vez la más esclarecida, del socialismo en Bolivia. La
ráfaga que acabó con el líder carismático se extiende al presente
y se manifiesta como estupefacción. Es por ello que mientras
no se de plenamente la democracia en el país los restos de
Quiroga Santa Cruz no serán encontrados porque la memoria
estatal no puede perdonar a quien hozó sentar en el banquillo
de los acusados a sus criaturas más grotescas iv.
Epílogo
Marcelo
Quiroga Santa Cruz en 1968 y 1979 fue el único actor político
que se atrevió a acusar ante la justicia boliviana a dos exgobernantes,
demandando su comparecencia en un Juicio de Responsabilidades,
reservado para los mandatarios de la nación, siendo estos
el Gral. René Barrientos Ortuño y el Gral. Hugo Banzer Suárez.
Cuál moderno tribuno hizo del Parlamento una palestra donde
su voz se levantó sobre la muchedumbre para denunciar al primero
por poner al gobierno al servicio de la CIA y al segundo por
una serie de delitos contra el Estado del 52. Un luctuoso
17 de julio de 1980 su clamor fue acallado por los "Cuchillos
largos", quienes respondiendo a las órdenes de Luis García
Meza y Luis Arce Gómez recurrieron al "espíritu de cuerpo"
para reafirmar aquella frase exclamada por el líder carismático:
son "una fuerza pretoriana al servicio del Virreynato".
En
Sucre, por último, se sostiene que la Corte Suprema de Justicia
de Bolivia sólo es superada por la Corte Celestial. Sin lugar
a dudas en ella Marcelo Quiroga Santa Cruz volverá a tomar
la palabra y acusará a quienes atentaron contra la humanidad
concluyendo esta vez con las ordalías por él encendidas ante
un Juez inmarcelible, incorruptible y severo: Dios.
Orlando
Mercado Camacho
Bibliografía
GARCIA
ARGAÑARAS, Fernando:
1993Razón de Estado y empate histórico boliviano: 1952 - 1982.
La Paz/Cochabamba:
Los Amigos del Libro/Mala Yerba Editores
QUIROGA
SANTA CRUZ, Marcelo:
1979El saqueo de Bolivia. La Paz: Puerta del sol
1982
Juicio a la dictadura. La Paz: MEP
1985
Bolivia en la mente y en el corazón. La Paz: s/e
QUIROGA
SANTA CRUZ, Marcelo y José Ortiz Mercado:
1968"Demanda de Juicio de Responsabilidades contra el
Presidente de la República y
Antonio Arguedas", en: Revista del Instituto de Sociología
Boliviana (ISBO) Nro. 8
Sucre: URPSFX
WEBER,
Max:
1979 El político y el científico. Madrid: Alianza
ZAVALETA
MERCADO, René:
1980Las masas en noviembre. La Paz: Juventud
1.
Recurrimos aquí a la noción weberiana de dominación carismática
para hacer referencia a aquel actor político que resume en
su persona al don providencial para atraer tras suyo a multitudes
y encaminar a sus seguidores a la toma del poder (Weber 1979:
43 passim).
2.
La concepción del "empate histórico" entre el Estado
y la sociedad civil en principio fue formulada por René Antonio
Mayorga y desarrollada con posterioridad por Fernando García
Argañaras (1993: 13 passim).
3.
No contentos con la "toma" de la sede de la COB,
los "narcocrátas" ordenaron su demolición atentando
contra el patrimonio de la clase obrera e, incluso, intentando
destruir los murales que se tenían en dicho edificio, los
que fueron rescatados por misiones internacionales.
4.
El Congreso Nacional en la actualidad reinició el esclarecimiento
del asesinato de Quiroga y la investigación sobre el lugar
en el que se encuentran sus restos, pero delegó a la justicia
ordinaria su moroso trámite y, asimismo, dejó de lado para
siempre la solicitud de Juicio de Responsabilidades a Banzer.
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