Banzer debe rendir cuentas

  Una sistemática campaña iniciada hace ya varios años, pretende convencernos que, el general Hugo Banzer y los servidores de la dictadura que él encabezó, han saldado sus cuentas con el pueblo boliviano. Aún más: que ellos han sido artífices de la democracia, por lo que debemos estar agradecidos.

Este 21 de agosto, cuando se cumplen 29 años del golpe militar de 1971, habrá que reflexionar sobre tal extremo y señalar, al menos desde la perspectiva del momento en que vivimos, si son válidas o no los argumentos de ese grupo que se ha hecho nuevamente del poder.

Los rasgos dictatoriales

Los siete años que duró la dictadura de Banzer tienen características muy claras.

Iniciada con un golpe sangriento, durante toda su duración, persiguió, encarceló, torturó y asesinó a todos quienes luchaban por la libertad. Sus agentes mataron impunemente a los presos, haciéndolos desaparecer y, a otros, los entregaron a las dictaduras Argentina y chilena, en el marco de esa criminal complicidad conocida como “Plan Cóndor”.

Destruyó todas las organizaciones sociales, imponiendo a sus lacayos como representantes de los trabajadores. Los partidos políticos fueron prohibidos. Hasta los clubes deportivos fueron fiscalizados.

El alza en los precios internacionales del petróleo, que generó otras alzas en las materias primas, permitió a la dictadura gozar de una época de bonanza que, en vez de crear una base económica para el país, fue el contexto en el que se constituyó un sistema de corrupción de tan grandes proporciones, que se prolonga hasta hoy.

Habrá que agregar que, el narcotráfico, sentó sus reales entonces y se consolidó durante la dictadura de García Meza.

El juicio de la historia

Derrocada la dictadura de Banzer, Marcelo Quiroga presentó los fundamentos de un juicio de responsabilidades que debía castigar al dictador y sus secuaces. El narco golpe de García Meza lo impidió y, más aún, asesinó a su principal impulsor.

Sobre esa grotesca base, Banzer ha sostenido que, el juicio ante el que debía comparecer, ha prescrito.

Los principios básicos del derecho sostienen que, ese tipo de delitos, no pueden prescribir. Pero es más: los hechos, los testarudos hechos, repiten incansablemente, que no es posible enterrar el pasado, sin una previa rendición de cuentas.

La repetición del delito

Banzer, que ya participó de los gobiernos de Paz Estensoro y Paz Zamora, demuestra que sigue siendo el mismo, cuando asume la presidencia, en agosto de 1997.

Cuando, en abril pasado, ordena la movilización militar en Cochabamba y Achacachi, repite la misma conducta que resultó en las matanzas de Tolata y Epizana, en 1974.

Sus pactos con los dictadores de Sudamérica, en aquel entonces, tienen su correlato en la evidente simpatía que siente por los presidentes autoritarios de este tiempo, como Fujimori a quien acompañó casi solitario en su tercera toma de mando.

La corrupción que propició tanto durante su septenio, se repite en estos años. La diferencia es que, entonces, cualquier denuncia era acallada con la cárcel. Hoy, toda la gama de sus familiares aparecen involucrados en cualquier negociado o robo al Estado.

Sus ministros, hasta aquellos que se proclaman diferentes a los dinosaurios,   actúan como si continuase la dictadura: ordenan, mandan y engañan como en los tiempos más negros de aquel período.

El juicio a Banzer

En Chile, Pinochet amarró la Constitución para que sus crímenes quedaran impunes. Hoy, finalmente, el pueblo chileno tiene la oportunidad de juzgarlo y sentenciarlo. Los hombres de las dictaduras argentinas también están enfrentando juicios.

La marcha de los pueblos demuestra que no se puede construir el futuro sin saldar cuentas con el pasado.

Banzer debe enfrentar a la justicia, lo mismo que sus pares. El hecho de que hoy actúa igual que durante su dictadura, nos muestra la necesidad de hacerlo.

Amparado por su condición de jefe de estado, está convencido de que no se puede llevarlo a juicio. Pero eso es temporal.

Lo grave es que, también nosotros, nos convenzamos de que Banzer es intocable. Y no puede ser así. El y sus cómplices deben ser juzgados. Preparémonos ahora para hacerlo mañana.